Durante el tiempo del profeta Ezequiel, los hijos
de Israel habían caído en una profunda apostasía. Dios había enviado un
mensajero tras otro para hacerlos regresar al conocimiento de él. En el
capítulo 22 de Ezequiel, se profetizó la destrucción de Jerusalén, y en el
versículo 30, Dios dijo: “Y busqué entre ellos algún hombre que reconstruyera el
muro y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para
que yo no la destruyese; y no lo hallé.” En el contexto del gran
conflicto entre Dios y Satanás, hay una brecha o separación, entre los seres
humanos caídos y pecadores y Dios. El Señor desea ayudarlos, pero sus poderes
están limitados, porque ellos han escogido rebelarse en contra de él. Si
alguien del pueblo de Dios intercede en favor de uno que se ha apartado, Dios puede
obrar por esa persona en formas que de otra manera hubiera sido imposible. ¿Por
qué es tan importante en este tiempo que los hombres y las mujeres se paren en
la brecha? En Apocalipsis 14:9–11, leemos la proclamación del tercer ángel: “Y el tercer
ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia y a su
imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, éste también beberá del
vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira; y será
atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del
Cordero. Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que
adoran a la bestia y a su imagen, no tienen reposo día ni noche, ni cualquiera que tomare la
señal de su nombre.” Estamos viviendo en tiempos solemnes.
Hombres y mujeres están ahora mismo tomando decisiones que decidirán su destino
eterno. Muchos no se dan cuenta de que están dirigiéndose hacia la muerte
eterna. Ellos necesitan que nosotros nos paremos en la brecha para interceder
por ellos y ayudarlos a que se aparten de los placeres pecaminosos hacia una
vida en Cristo.
“Dios lo envió a mi casa”
Una experiencia que tuve cuando era colportor en mi primer año de conocer a Jesús me causó una
profunda impresión acerca de este punto. Tenía 25 años y pasé el verano colportando
por primera vez, lo cual encontré que era muy difícil. Muchas veces sentí el
deseo de abandonarlo, pero sentía el llamado de predicar el mensaje por este
medio. De manera que continué haciéndolo
día tras día. Un día llamé a la puerta de una señora quien me invitó a entrar.
Ella compró El Camino a Cristo, y varios otros libros.
Entonces oré con ella, y cuando acabé
noté que había lágrimas en sus ojos. Ella
me dijo: Rafael, Dios te envió a mi casa.” Le dije: “Sí, y Dios me envía a cada
hogar todos los días.” Ella dijo: “No, no, Dios te envió a mi casa hoy. He
estado luchando con mis pecados y con el desaliento. Por meses, he estado
orando: ‘Dios envíame a alguien.’ Esta mañana estaba clamando a Dios, y le
dije: ‘Dios, si tú no envías a alguien hoy, me estoy apartando de ti.’ Y tú
tocaste a mi puerta esta noche.” Yo solamente tenía unos mese que había asestado
a Cristo como mi salvador, y todavía estaba creciendo en su gracia, pero
recuerdo que al salir de su casa, y contemplar el cielo lleno de estrellas, por
primera vez en mi vida sentí la proximidad de Dios. Desde entonces, cuando he
recordado esa experiencia he sentido en mi mente la impresión de cuán
importante es pararse en la brecha. Esto puede significar para alguien la
diferencia entre la vida eterna o la muerte eterna para alguien.
Cuatro Principios ¿Cómo hemos de
pararnos en la brecha? Me gustaría compartir con ustedes cuatro principios
importantes que los ayudarán a estar listos para pararse en la brecha. Los
primeros dos están ilustrados por la historia de la mujer cananea que
intercedió con Cristo en favor de su hija que estaba poseída por un demonio.
Observemos cuidadosamente el relato bíblico. . “Y saliendo Jesús de allí, se fue a las
partes de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea, que había salido de aquellos
términos, clamaba diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí, mi
hija es malamente atormentada del demonio. Más él no le respondió palabra.
Entonces llegando sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da
voces tras nosotros. Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas pérdidas
de la casa de Israel. Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor,
socórreme. Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo
a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor, mas los perrillos comen de las migajas
que caen de la mesa de sus señores. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh
mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija
desde aquella hora.” Mateo 15:21–28.
1. Entregar completamente el yo Si desea pararse en la brecha entre Dios y la
gente, debe estar dispuesto a abandonar sus planes, sus ideales, y aun sus
derechos para que un alma pueda ser salva. Estoy seguro de que cuando esta mujer
se casó, ella había planeado tener una familia perfecta, sin embargo, cuando su
hija fue poseída por un espíritu malo, estuvo dispuesta a renunciar a todos sus
planes y a dedicar todas sus energías a encontrar sanidad para ella. Jesús,
probando su fe, le dijo: “No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los
perrillos.” Jesús trató a esta mujer como la hubieran tratado
los judíos, deseando que sus discípulos vieran el contraste entre esa, y la
manera compasiva que él deseaba que ellos tuvieran al tratar con los que
estaban en necesidad. Esta mujer no se desanimó por las palabras de Cristo.
Estaba dispuesta aun a ceder sus derechos como ser humano, con tal de encontrar
sanidad para su hija. Ella había renunciado completamente a su interés
personal. (Véase El Deseado de Todas las Gentes, págs. 365–366.)
Para la
mayoría de nosotros este grado de renuncia es muy difícil. Algunas veces
estamos dispuestos a renunciar a nuestras necesidades para ayudar a suplir las
de otros, pero si alguien trata de despojarnos de nuestros derechos, cuán a
menudo nos apresuramos a tomar represalias, estamos listos para defendernos del
insulto y el abuso. Algunas veces estamos dispuestos a renunciar a nuestras
necesidades para ayudar a suplir las de otros, pero si alguien trata de despojarnos de nuestros
derechos, cuán a menudo nos apresuramos a tomar represalias. Recientemente escuche
este relato de un joven colportol que estaba colportando con una hermana en Cristo llamada Dora.
Estábamos tocando puertas, pidiéndole a la gente que donara para ayudarnos a
continuar la obra. Un hombre, quien obviamente tenía dinero, nos dijo
rudamente: “Escuchen, deseo comprar un juguete para mi niño, y éste cuesta
cuarenta y cinco dólares. Si les doy un dólar, tendré un dólar menos para
comprar algo para mi hijo, así que por favor váyanse.” Pude ver que Dora sentía
el deseo de argumentar con él, de manera que tocándole el codo le dije: “Dora,
dejémoslo tranquilo.” Le dijimos: “Que tenga un buen día.” Le dimos una revista
y continuamos con nuestro colportaje. Cuando tocamos
a la última puerta esa noche, pude escuchar a un hombre paseándose de acá para
allá en la acera. Era el mismo hombre. El Señor había tocado su corazón. Nos
dijo cuánto sentía el habernos tratado como a perros, y nos dio una donación para
nuestra obra. Ese es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando renunciamos a
nuestro interés personal y aun a nuestros derechos de ser tratados como seres
humanos, para que un alma pueda ser salvada. Tengo la esperanza de que cuando
él lea la revista, y recuerde el amor manifestado por las personas que se la
dieron, sea llevado al conocimiento de la verdad.
2. Identifíquese con la gente “Y he aquí una mujer cananea, que había
salido de aquellos términos, clamaba diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí.” Si deseamos
pararnos en la brecha debemos identificarnos con los pecadores. Esta mujer no
tenía necesidad de un milagro para ella, era su hija la que estaba poseída por
un demonio. Sin embargo, se identificó con la necesidad de su hija, de la misma
manera que Nehemías se lamentó por los pecados de Israel diciendo: “Confieso los
pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti cometido.” Véase Nehemías
1:5–6. Cuando vemos la pecaminosida en el mundo y la
apostasía en la iglesia, es fácil decir: “Señor, ten misericordia de sus
pecados. Sálvalos de sus locuras.” Mientras nos separemos llamándoles pecadores
(aunque están pecando) y diciendo que están rebajando las normas (aunque están
rebajando las normas), no tendremos poder en nuestro ministerio. He experimentado
eso en mi propia vida, y he visto que hay poder cuando usted se identifica con
el pecador. Mucha gente es afligida por el diablo. Están luchando con pecados, exactamente
como lo estamos usted y yo, y aunque podemos comprender mucho más de la verdad,
eso no nos hace más justos que ellos. Necesitamos a Cristo al igual que ellos,
de manera que necesitamos asociarnos con ellos, intercediendo ante Dios por ellos
y por nosotros, y entonces Dios contestará nuestras oraciones.
3. Enseñe al pueblo de Dios pacientemente “Entonces
dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, que no
muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey
para nosotros. . . . Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová
cesando de rogar por vosotros; antes yo
os enseñaré por el camino bueno y derecho.” 1 Samuel 12:19, 23. Cuando
salimos a ayudar a la gente, no es suficiente que hagamos una entrega completa y nos
identifiquemos con sus necesidades; hemos sido llamados a enseñarles el camino
de la vida. Esta tarea requiere paciencia, porque aunque usted presente la
verdad de la Biblia y el espíritu de profecía, puede tomarse años antes de que vea
que la gente toma una decisión en favor de la verdad. Mi ministerio es con
cristianos de otra fe, y algunas veces veo algún cambio, y entonces un mes o un
día más tarde vuelven a sus viajes creencias. Oro, “Señor, hubo un cambio tan
grande. ¿Qué pasó?” Y entonces Dios dice: “¿Recuerdas cuán pacientemente laboré
por ti, aun cuando te apartaste de mí?” Y luego oro: “Señor, dame la gracia de
mantener siempre en mente tu ideal, sin rebajar nunca mis normas. Sin embargo, no
permitas que me separe de la gente como algunos lo han hecho. Ayúdame a pararme
fielmente en la brecha.”
4. Esté listo para permanecer firme hasta la
muerte Podemos aprender muchas lecciones de la vida de Moisés y del sacrificio
que él hizo por los hijos de Israel mientras viajaban hacia la tierra
prometida. Dios obró milagrosamente por su liberación una y otra vez, desde dividir
el Mar Rojo hasta el maná que caía cada mañana. Sin embargo, el pueblo caía constantemente
en apostasía y se rebelaban abiertamente en contra de Dios y de los líderes que
él había escogido. En Números 16:21 Dios les dijo a Moisés y a Aarón que iba a
destruir la congregación a causa de su persistente rebelión. Él dijo: “Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en
un momento.” Entonces Moisés y Aarón se echaron sobre sus
rostros e intercedieron por el pueblo y fueron
preservados. “El
día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés
y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová. Y aconteció que,
como se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el
tabernáculo del testimonio, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la
gloria de Jehová. Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo del
testimonio. Y Jehová habló a Moisés diciendo: Apartaos de en medio de esta
congregación, y consumirlos en un momento. Y ellos se echaron sobre sus
rostros. “Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del
altar, y sobre él pon perfume, y ve presto a la congregación, y haz expiación
por ellos; porque el furor ha salido de delante de la faz de Jehová; la
mortandad ha comenzado. Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y
corrió en medio de la congregación. . . . Y púsose
entre los muertos y los vivos, y cesó la mortandad.” Números 16:41–48.
De nuevo Moisés y Aarón rogaron al Señor,
parándose en la brecha entre los muertos y los vivos. Después que 14,700 fueron
destruidos por la mortandad proveniente del Señor, la destrucción cesó. Anteriormente,
cuando los doce espías regresaron de Canaán y diez de ellos dieron un informe
negativo, el pueblo se llenó de ira en contra de Moisés y los espías fieles. “Entonces toda la multitud habló de apedrearlos con
piedras. Mas la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo del testimonio a
todos los hijos de Israel. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de
irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que
he hecho en medio de ellos? Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré, y a ti
te pondré sobre gente grande y más fuerte que ellos.” Números 14:10–12.
¿Estaba Dios hablando en serio cuando habló de destruir a los israelitas? Por
supuesto. ¿Por qué entonces no fueron destruidos completamente? El Salmo
106:21–23 nos dice: “Olvidaron al Dios de su
salud, que había hecho grandezas en Egipto, maravillas en la tierra de Cam,
cosas formidables sobre el Mar Rojo. Y trató de destruirlos, a no haberse
puesto Moisés su elegido al portillo delante de él, a fin de apartar su ira,
para que no los destruyese.” Moisés sabía que Dios estaba hablando en
serio. Él sabía que si se echaba a un lado el pueblo sería destruido. Sin
embargo, estuvo dispuesto a arriesgar su vida eterna en un último esfuerzo por
salvar a ese pueblo rebelde y que pecaba abiertamente. Le suplicó al Señor
diciendo: “Que
perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.” Éxodo
32:32. Estamos viviendo en un tiempo cuando mucha gente ha olvidado a Dios. El
Señor lo está llamando a usted para que se ponga en la brecha entre él y la
humanidad perdida. No importa cuál pueda ser su título, o en cuál clase de
ministerio usted sea llamado a servir, recuerde que si no se para en la brecha,
muchos se perderán. Para poder hacerlo, todos sus intereses personales deben
ser rendidos a Jesucristo. Usted debe estar dispuesto a identificarse con los
pecadores y tomar el tiempo para enseñarles pacientemente. Y por último, Dios
lo está llamando para que se pare en la brecha aun si tiene que enfrentar la muerte.
¿Deberá el Señor decir hoy acerca de nosotros: “Y busqué entre ellos algún hombre que
reconstruyera el muro y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de
la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé? Dios está
buscando hoy hombres y mujeres que sepan lo que significa hundirse en las
profundidades del pecado y ser rescatados por el amor de Cristo. Dios necesita
hombres y mujeres que quieran interceder por los pecadores, suplicando como lo
hizo Moisés por el rebelde Israel, diciendo: “Si vas a destruirlos, destrúyeme
a mí en su lugar.” ¿Responderá usted al llamado de Dios?
1.
¿Está usted proclamando el último mensaje divino
de la cosecha?
2.
¿Deberíamos atesorar alguna cosa que nos separara
de Dios?
3.
Pasajes de confusión
con la ley ceremonial
4.
Apocalipsis 18:4 "Salid de ella pueblo mio"