| Pagina principal | Ano Biblico | El Apocalipsis | El Genesis | Daniel |
|
Hoy vamos a
estudiar los cuatro secretos de la verdadera riqueza. Saben ustedes que el
Señor Jesucristo habló de muchos temas, pero no hubo un tema del cual habló
Jesús mas que el asunto del dinero.
·
Jesús habló del amor,
·
Jesús habló
de la iglesia,
·
Jesús habló
de muchas cosas, pero habló mas del dinero que de cualquier otro tema.
Porque Jesús sabía que el dinero es algo que puede causar nuestra perdición eterna o puede ser una bendición para nosotros y para la raza humana. En nuestro tema de hoy vamos a estudiar cuatro principios de cómo administrar los bienes materiales que Dios nos ha concedido. Va a ser un tema muy metódico, muy sencillo, muy organizado. Lo que vamos a hacer es tomar cada uno de estos cuatro principios y desmenuzarlos cuidadosamente.
El primer
principio que necesitamos recordar, cuando hablamos de la administración de lo
que Dios nos ha concedido en términos de bienes materiales, es que Dios es el
dueño de todas las cosas. Ahora, yo sé que nosotros tenemos la tendencia de
decir, "¿cómo te gusta mi carro?", o "me compré mi casa" o
"tengo mucho dinero, mío, en el banco". Pero técnicamente hablando,
la Biblia enseña, que nada de lo que tenemos nos pertenece a nosotros. Todo lo
que tenemos pertenece a Dios.
1.
El primer principio es que Dios es el dueño de todas
las cosas. Si reconocemos eso, nuestra vida será tanto mejor. Vamos a leer
algunos versículos de la Biblia, que nos presentan este principio tan
importante, que Dios es el dueño de todas las cosas. Vamos a Génesis, el
capítulo 1 y el versículo 1. Ni siquiera tenemos que buscar ese versículo, el
primero de la Biblia. Dice allí: "En el principio creó Dios los cielos y
la tierra". Es decir, el Creador de todas las cosas, según dice la Biblia,
fue Dios. Y como Dios es el Creador, él es el dueño absoluto de todo. Noten el
Salmo 24, y el versículo 1, donde también se nos habla de Dios como el
propietario de todas las cosas. Dice allí: "De Jehová es la tierra y su
plenitud;
El mundo, y los que en él habitan". Noten que dice que de Jehová es
la tierra y su plenitud. La palabra plenitud significa todo lo que está
en la tierra. La tierra es de Dios y todo lo que está en la tierra pertenece a
Dios. Inclusive, los que habitan en el Planeta Tierra. Todos pertenecen a Dios.
Noten el Salmo 95 y el versículo 5, dice hablando del mar, lo siguiente, "Suyo
también el mar, pues él lo hizo", ¿Por qué razón es el mar de Dios?
"Porque él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca". Es decir,
el mar y la tierra seca pertenecen a Dios, porque Dios hizo ambas cosas.
Notemos también el Salmo 50, y los versículos 10-12. Dice allí lo siguiente,
hablando Dios: "Porque mía es toda bestia del bosque,Y los millares de
animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes,Y todo
lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te
lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud". Los cielos
son de Dios. La tierra es de Dios. La plenitud de lo que está en la tierra es
de Dios. Las bestias son de Dios. Las aves son de Dios. Ahora, ¿qué diríamos
del oro y la plata? ¡Oh!, también son de Dios. Noten el libro de Hageo, el
capítulo 2 y el versículo 8. Aquí está hablando Dios y fijense lo que dice:
"Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos".
¿De quién es el oro y la plata? El oro y la plata pertenecen a Dios. Ahora yo
pregunto, ¿de quién es nuestro cuerpo? El cuerpo que tenemos nosotros, ¿a quién
pertenece? La Biblia nos dice que nuestro cuerpo pertenece también a Dios.
Noten 1 Corintios el capítulo 6 y los versículos 19 y 20. Dice aquí el apóstol
San Pablo: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,
el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro
cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios". Nuestro cuerpo y
nuestro espíritu pertenecen a Dios. Fijense qué interesante el panorama que
estamos viendo.
·
La tierra es de Dios.
·
El cielo es
de Dios.
·
La plenitud
de lo que está en la tierra es de Dios.
·
Las bestias
son de Dios.
·
Los árboles
son de Dios.
·
El oro y la
plata pertenecen a Dios.
·
Nuestro
cuerpo pertenece a Dios y nuestro espíritu que es nuestra mente también
pertenece a Dios.
Hay muchos que dicen por ahí: "Bueno, este cuerpo, yo puedo hacer lo que yo quiera con él, porque al fin y al cabo es mío". Especialmente aquellos que creen en el aborto, dicen: "Yo puedo hacer con mi cuerpo lo que yo quiera". En realidad la Biblia enseña que nuestro cuerpo no es nuestro. Nuestro cuerpo pertenece a Dios. Ahora, el apóstol Pablo en 1 Timoteo 6:7, expresa el mismo principio. Y yo creo que ustedes estarían de acuerdo conmigo y con el apóstol Pablo. Dice allí el apóstol Pablo: "Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar". ¿Saben ustedes algo? Que ni la ropa que tenemos puesta la trajimos al mundo, porque entramos al mundo desnudos. Y no podemos tampoco sacar nada de este mundo. Mientras Dios nos da vida, tenemos. Mientras que no estamos recibiendo vida de Dios, no tenemos. Es decir, todo pertenece a Dios. Noten Deuterenomio 8:18. Dios hablándole al pueblo de Israel, tuvo unas palabras muy sabias que hablar, porque posiblemente Israel pensaba que ellos podían ganar riquezas por sí mismos.
Dice allí: "Sino acuérdate de Jehová tu
Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su
pacto que juró a tus padres, como en este día". ¿Quién es el que da poder
para adquirir riquezas? Es Dios el que da poder para adquirir riquezas. Porque
las riquezas pertenecen a Dios. Cuando Salomón fue a construir el templo
encontramos que Salomón elevó una oración o una plegaria a Dios. Y quiero que
noten la oración que elevó, o parte de la oración que elevó Salomón a Dios. Se
encuentra en 1 Crónicas 29 y vamos a leer solamente los versículos 14 y 16.
Dice aquí: "Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que
pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes?" Es decir, habían
traído muchos dones para construir el templo. Salomón dice: "¿quiénes
somos nosotros para haber traído estas cosas? Pues todo es tuyo". Dice
Salomón en su oración: "Y de lo recibido de tu mano te damos. Oh Jehová
Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu
santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo".
Principio #1: Dios es el dueño de todas las
cosas. Todo lo que tenemos pertenece a Dios.
Principio #2: Aunque Dios es el dueño de
todas las cosas, Dios nos ha colocado a nosotros como sus mayordomos. Una mejor
palabra sería que Dios nos ha colocado comos sus administradores para
administrar lo que le pertenece a él. Ustedes saben que un individuo puede ser
dueño de una empresa y puede nombrar a alguien para administrar la empresa. No
significa que el administrador es el dueño. Lo que hace el administrador es
simplemente manejar o administrar lo que pertenece al dueño. Vamos a notar
algunos versículos de la Biblia, sobre este segundo principio de que aunque
Dios es el dueño, nosotros somos sus mayordomos. Génesis 1:28, está hablando
aquí de la creación de Adán y Eva, y dice esto: "Y los bendijo Dios, y les
dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en
los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se
mueven sobre la tierra".
Noten que Dios colocó a Adán y Eva para
administrar lo que él creó. Porque dice que debían sojuzgar la tierra, señorear
sobre la tierra y que debían, en realidad, cuidar lo que Dios había creado.
Noten también Génesis 2:15. Dice específicamente en cuanto al plan de Dios para
Adán: "Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén,
para que lo labrara y lo guardase". Es decir, que Génesis deja muy en
claro que aunque Dios es el dueño de todo porque él lo creó, Dios colocó a Adán
y Eva para administrar, cuidar, mejorar y gobernar sobre lo que Dios había
hecho.
Ahora, hablemos un poco sobre las
características que debe tener un mayordomo para que pueda ser reconocido fiel
por el dueño. Vamos a 1 Corintios 4:2. Acabo de mencionar esta característica
de un buen mayordomo, de un buen administrador. Dice: "Ahora
bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel".
Es decir, un administrador no debe estar robándole al dueño.
Un administrador maneja lo que pertenece al
dueño, pero no roba lo que no le pertenece. Es decir, una primera
característica de un buen mayordomo, es que debe ser fiel.
Una segunda característica de un buen
mayordomo es que el buen mayordomo mejora y multiplica lo que pertenece al
dueño. No lo deja así nomás. Noten Mateo el capítulo 25 y el versículo 27. Aquí
está hablando en la parábola de los talentos, lo siguiente: "Por
tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera
recibido lo que es mío con los intereses".
Es decir, el buen mayordomo no
solamente cuida lo que le pertenece al dueño sino que lo multiplica. Es decir,
lo mejora. Es fiel y gana intereses a lo que es del dueño, en otras palabras.
Ahora, otra característica de un mayordomo fiel es que un mayordomo fiel le
rinde al dueño los frutos en el tiempo en que debe hacerlo. Es decir, las
ganancias se las rinde al dueño cuando el dueño lo exige y lo pide.
Noten Mateo 21 y el versículo 34. Esta es la
famosa parábola de la viña. Y dice allí: "Y cuando se acercó el tiempo de
los frutos, envió", está hablando de Dios, "envió sus siervos a los
labradores, para que recibiesen sus frutos". Es decir, un
mayordomo es fiel. En segundo lugar, un mayordomo fiel multiplica lo que
pertenece al dueño. En tercer lugar, un buen mayordomo le rinde al dueño lo que
el dueño espera a su debido tiempo.
Noten otra carácterística de un mayordomo
fiel. Lucas 16 y el versículo 2. Algún día un mayordomo tiene que rendirle
cuentas al dueño. Es decir, el dueño va a examinar los libros para ver si el
mayordomo o el administrador llevó bien la contabilidad. Dice en Lucas 16:2:
"Entonces le llamó y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da
cuenta de tu mayodomía, porque ya no podrás más ser mayordomo". Es decir,
un buen mayordomo, cuando el dueño dice "ríndeme cuentas", el buen
mayordomo o el buen administrador le muestra los libros y se ve que llevó bien
la contabilidad. Ahora, noten lo que dice San Mateo 25 y el versículo 23. Todo
mayordomo le encantaría escuchar estas palabras que habló Jesús: Dice: "Su
señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho
te pondré; entra en el gozo de tu señor". Y otro texto que
está relacionado con esto es San Lucas 16:10, a donde dice Jesús: "El
que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco
es injusto, también en lo más es injusto".
Es decir, que un mayordomo es fiel en las cosas mas
pequeñas, y si lo hace, cuando tiene que rendirle cuentas al dueño, el dueño le
va a dar mayores responsabilidades y mayores privilegios como su administrador.
Repasando entonces el segundo principio es que aunque Dios es el dueño de todas
las cosas, Dios nos ha colocado a nosotros para administrar lo que él nos ha
dado. Lo podemos usar, lo podemos aprovechar, pero tenemos que aplicar estos
principios y es que tenemos que ser fieles, tenemos que invertir lo que
pertenece al dueño y multiplicarlo. Tenemos que rendirle sus frutos en el
momento debido.Tenemos que dar cuenta de nuestra mayordomía, y tenemos que ser
fieles en las cosas mas pequeñas y entonces el dueño nos colocará sobre asuntos
mas grandes. Ahora, yo no sé si ustedes se han dado cuenta que los primeros dos
principios están en Génesis. O sea, no nos hemos mantenido solamente en el
libro de Génesis, porque allí tenemos los principios que luego se amplían y se
desarrollan en el resto de la Biblia.
El primer principio lo vimos en Génesis 1:1,
que Dios es el dueño de todas las cosas, "En el principio creó Dios los
cielos y la tierra". El segundo principio lo vimos en Génesis 2:15, donde
Dios colocó a Adán para labrar y cuidar el huerto. Y también Génesis 1:28,
donde Dios mandó al hombre a sojuzgar la tierra, a cuidar la tierra, a
administrarla. Es decir, estos principios están en Génesis, y
luego se desarrollan en el transcurso del resto de la Biblia.
El tercer principio es también muy sencillo.
El tercer principio, es que aunque Dios es dueño de todas las cosas y nos ha
dado la habilidad de administrar todo lo que pertenece a él, en realidad hay
algo que Dios se ha reservado exclusivamente para él. Es decir, no nos da eso
ni siquiera para administrarlo. Dios me dice, administra esto, pero hay una
porción que yo me he reservado, que no es para tu administrarla. Esa me la he
reservado para mí. Yo no sé si ustedes recuerdan que hemos estudiado sobre el
árbol de la ciencia del bien y del mal. Vamos a leerlo en Génesis el capítulo
2:16 y 17, porque aquí tenemos el tercer principio de que Dios se ha reservado
algo para sí, que nosotros no podemos ni siquiera administrar. No nos lo hado para
administrarlo nosotros. Se lo ha reservado para él. Noten Génesis 2:16 y 17,
dice: "Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto
podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque
el día que de él comieres, ciertamente morirás".
Yo pregunto, ¿todos los árboles del huerto
pertenecían a Dios? ¿Todos? ¡Claro que sí! ¿Pero había un árbol que pertenecía
especialmente a Dios? ¡Claro que sí! Adán y Eva podían administrar todos los
árboles. Inclusive podían comer de todos los árboles. Pero había un árbol que
Dios dijo: "Este no me lo van a administrar, este no me lo van a usar para
ustedes, este árbol yo me lo reservé exclusivamente para mí". Ahora yo
pregunto, de nuestros recursos materiales, ¿Dios nos ha dado una porción que le
pertenece exclusivamente a él, y que nosotros no tenemos derecho ni siquiera de
administrarlo? ¡Claro que sí! ¿Cómo se llama? Se llama el diezmo, exactamente.
Vamos a leer un poco en cuanto al diezmo en la Escritura. Fijense que tenemos estos
principios en Génesis, ¿verdad que sí? Dios creó los cielos y la tierra, son de
él. Segundo, Dios colocó a Adán y Eva para administrar las cosas en la tierra,
en el huerto. Tercer principio, aunque todo se lo dio Dios a Adán y Eva para
que lo mejoraran y para que lo cuidaran, Dios se reservó un árbol para él.
Ahora noten lo que dice en Levítico 27:30 sobre el asunto del diezmo. Dice allí
en el capítulo 27 versículo 30:
Y el diezmo de la tierra, así de la simiente
de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a
Jehová". ¿A quién le pertenece el diezmo? A Dios. ¿Y saben cuánto es el
diezmo? El 10%. Cómo les gustaría a ustedes que un individuo que es dueño de
una empresa, supongamos que hay un individuo que es dueño de una empresa, y él
le da a usted el trabajo de administrar el negocio que tiene. Y el dueño dice:
Mira, yo quiero que tú me administres este negocio. Y cuando lleguen las
entradas tú te quedas con el 90% y me devuelves a mí el 10%. ¿Aceptarían un
negocio así? ¡Ah, eso es un negociazo! ¡Imagínense! 90% para mí y 10% para el
dueño, cuando el pone la empresa y todos los recursos. Tremendo negocio. Sin
embargo Dios dice, del 100% que yo te doy, resérvame el 10%. Y decimos: ¡Ay
Señor!, ¿por qué eres tan mezquino? ¿Cómo te vas a quedar con el 10%? El 10% no
es nada. Dios nos da el 90% para administrar, pero el diezmo lo ha apartado
para él. Ni siquiera podemos administrarlo, porque es como el árbol de la
ciencia del bien y del mal, Dios lo ha reservado para sí.
Algunos dicen, Pastor, pero el diezmo era
para los judíos. Hoy en día nosotros no somos judíos, así que no hay que
diezmar. Escuchen bien, el diezmo no comenzó con los judíos. El diezmo, el
principio del diezmo, comenzó en el huerto del Edén con ese árbol. Y en Génesis
hay dos lugares adonde se menciona el diezmo antes que existieran judíos. Noten
Génesis el capítulo 14 y los versículos 18-20. Esto está hablando de Abrahán, y
dicho sea de paso, Abrahán no era judío. Dice en Génesis 14:18-20, que después
que Abrahán regresó trayendo a Lot, a quien habían llevado de rehén con todos
los bienes que habían robado esos individuos, esos reyes que habían venido a
pelear contra Sodoma, dice: "Entonces Melquisedec, rey de Salem y
sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino"; fijense que dice aquí que
Melquisedec ¿sacó qué? pan y vino. Ahí tenemos una prefiguración de la Santa
Cena, que se menciona en el Nuevo Testamento. Dice: "y le bendijo,
diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo", ahora escuchen, "creador
de los cielos y de la tierra"; ¿qué es Dios? ¿qué es el Altísimo?
"Creador de los cielos y la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que
entregó tus enemigos en tu mano". Dos cosas. Dios es el Creador, y Dios
entregó los enemigos en manos de Abrahán. ¿Y qué hizo Abrahán como resultado de
reconocer a Dios como creador, y de reconocer a Dios como el libertador? Dice
en la última parte del versículo 20: "Y le dio Abram los diezmos de
todo". Es decir, Abrahán reconoció que Dios era el dueño y que era el
libertador o el redentor antes que existieran judíos. Existe, en otras
palabras, el principio del diezmo ya en el libro de Génesis.
También en el capítulo 28, después que Jacob
vio ese sueño en la escalera que iba desde la tierra hasta el cielo y subían y
bajaban ángeles sobre esa escalera. Noten lo que dice Jacob después de ver la
escalera. Dice allí Jacob: "Y esta piedra que he puesto por
señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para
ti". ¿Qué prometió Jacob? ¿Devolverle a Dios qué cosa? El diezmo.
Entonces el diezmo no comenzó con Moisés. El diezmo no comenzó con los judíos.
Porque la Biblia nos dice que Abrahán y Jacob, ambos diezmaron. Y en Génesis el
capítulo 2, tenemos en el árbol que Dios se reservó para sí, ya el principio
del diezmo. Es decir, aunque todo el dinero, en realidad, pertenece a Dios,
Dios se ha reservado el diez por ciento para él.
Ahora, ¿para que es que Dios mandó a la gente
a devolver o a pagar el diezmo? Noten lo que dice en Número 18:20 y 21. Cuando
el pueblo de Israel entró en la tierra de Canaán, escuchen bien, cuando Israel
entró en la tierra de Canaán, habían doce tribus. Y Dios le dio una porción de
tierra a cada una de las tribus para que se las repartieran entre las familias.
Pero una de las doce tribus no recibió herencia en Canaán, en la tierra
prometida. Esa fue la tribu de Leví. No recibió ningún trozo de tierra. La
razón es que los levitas debían servir las necesidades espirituales del pueblo.
Es decir, ellos no debían dedicar su tiempo cosechando y sembrando y vendiendo
productos agrícolas en el mercado. Ellos debían dedicar cien por ciento su
tiempo a la causa de Dios, a las necesidades espirituales del pueblo. Y por lo
tanto Dios dijo, ustedes no van a tener tierra.Y claro, la pregunta surge, si
no tenían dónde sembrar y donde cosechar y donde criar animales, ¿cómo iban a
vivir? Pues Dios dijo, como los levitas suplen las necesidades espirituales del
pueblo, entonces el pueblo debe diezmar para que, a través de los diezmos los
levitas puedan vivir.
Porque si los levitas sirven las necesidades
espirituales del pueblo, el pueblo entonces debe proveer las necesidades
materiales de los levitas. Noten el capítulo 18 de Números y el versículo 20 y
21: "Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos" es decir de los
cananeos, "no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu
parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel". Y ahora escuchen
bien, "Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en
Israel por heredad", ¿Quién le dio los diezmos a los levitas? No fue
Aarón. ¿Fue quién? Dios. Es decir, Dios dice el diezmo es mío, y ahora el
diezmo mío yo se le voy a dar a los levitas. Sigue diciendo, "Y he aquí yo
he dado a los levitas todos los diezmos en Israel por heredad", ¿y por qué
razón? "por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del
tabernáculo de reunión". Es decir, el diezmo era para remunerar a los
ministros de esa época, a los sacerdotes que servían las necesidades
espirituales del pueblo, porque los sacerdotes no hacían ningún trabajo
secular. Todo lo que hacían era en relación con la iglesia. Hoy en día no les
llamamos sacerdotes. ¿Les llamamos qué cosa? Ministros o pastores. Es decir, el
diezmo entra en la iglesia y luego, al entrar los diezmos a la iglesia, el dinero
se usa para remunerar a los que son pastores o ministros de tiempo completo que
satisfacen las necesidades espirituales del el Israel moderno o de la iglesia.
Es un buen plan. Porque fijense, no era el
plan de Dios de que los pastores tuvieran que tener otro trabajo además de
pastorear o administrar a la congregación, porque cuando están trabajando en
otras cosas, no pueden dedicarle tiempo completo a trabajar en la iglesia.
Además de eso, lo interesante es que Dios, mandó a que se usaran los diezmos para
remunerar a todos los levitas de una forma equitativa. Es decir, no había un
plan donde un levita ganaba millones y el otro levita ganaba un poco. Se pagaba
equitativamente a todos, lo que necesitaban para su supervivencia. Saben otro
detalle interesante, es que los levitas también diezmaban. Es decir, los
pastores le daban ejemplo al pueblo, diezmando los diezmos. Noten lo que dice
Números 18 y el versículo 26. Dice allí: "Así hablarás a los levitas, y
les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos", es decir,
cuando ustedes reciban de Israel los diezmos, "que os he dado de ellos por
vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos", de los diezmos, "en
ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos". Es decir, los
sacerdotes debían diezmar el diezmo que recibían. Los ministros deben diezmar.
Y yo debo decirles que yo no solamente le digo a la gente de la iglesia que
diezme, sino que yo también diezmo porque Dios lo manda. Hay que darle ejemplo
a la congregación.
Ahora, ¿qué pasa si nosotros no le devolvemos
el diezmo a Dios? En realidad nos constituímos en ladrones, según dice Dios
mismo. Noten Malaquías el capítulo 3 y el versículo 8. Dice aquí, y está
hablando muy solemnemente: "¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me
habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?" ¿Y Dios responde
qué? "En vuestros diezmos y ofrendas". ¿Estaba robándole Israel a
Dios? ¡Claro que sí! Porque se estaban posesionando de lo que se debía traer al
santuario para sostener al ministerio y lo estaban usando para sus propios
propósitos comunes. Ahora, alguno dirá, bueno Pastor, pero ese asunto del
diezmo, eso era para los judíos y para los levitas del Antiguo Testamento. Hoy
Dios tiene otro plan diferente. ¿Ustedes creen que Dios tiene un plan distinto
hoy? ¿Saben que Jesús enseñó el principio del diezmo? El problema es que en los
días de Jesús todo el mundo estaba diezmando pero estaba diezmando por la razón
equivocada. Los fariseos creían que diezmando le iban a ganar el favor de Dios.
Así que Jesús no tuvo que decirles, "diezmen, diezmen". No, no,
porque ellos estan diezmando. Lo que tuvo Jesús que hacer es, corregir el
motivo por el cual diezmaban.
Noten Mateo, el capítulo 23 y el versículo
23. Y mientras ustedes están buscando eso, les puedo decir también que Jesús no
dijo, "guarden el sábado", porque todo el mundo estaba guardando el
sábado. Lo que pasa es que lo estaban guardando mal. Lo estaban guardando como
decían los fariseos, no como dice la Biblia. Así que Jesús corrigió la forma en
que se guarda el sábado. Pero no tuvo que dar ningún mandato de que la gente
guardara el sábado porque todo el mundo lo estaba guardando. Lo mismo el
diezmo. Noten Mateo 23:23. Jesús dice: "¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo
y el comino", que son semillitas chiquitas. Imagínese,
tenían diez semillitas de comino y apartan, nueve para mí y una para el Señor.
Es decir, diezmaban estrictamente. Dice: "y dejáis lo más
importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario
hacer, sin dejar de hacer aquello".
Es decir deben diezmar y deben
tener la razón correcta o la motivación correcta para diezmar. Jesús dijo, es
necesario tener ambas cosas. Ahora, hay un pasaje en el Nuevo Testamento, que deja
clarito el hecho de que el diezmo todavía hoy es el plan de Dios. En 1
Corintios 9, y voy a leer solamente los versículos 13 y 14, pero quiero
contarles algo sobre el contexto. 1 Corintios 9: 7-14. Según parece, el apóstol
San Pablo y algunos de sus colegas, los hermanos los estaban criticando, porque
en realidad la gente los sostenía de los diezmos, y por lo tanto ahora el
apóstol Pablo escribe a estas personas que estaban criticando a los ministros
que eran pago de los diezmos, y el apóstol Pablo dice: "¿ustedes creen que
un soldado cuando va a la guerra tiene que pagar sus propios gastos?"
¿Ustedes creen que los soldados que están en Iraq tienen que pagar sus propios
uniformes, su propia comida, su propia vivienda? ¿Todo? No. Si un soldado va a
la guerra, es justo que se le pague. Dice, una persona que siembra una viña, es
justo que coma de la viña. Dice, un individuo que cuide un rebaño, es justo que
beba la leche del rebaño, y dice, inclusive, cita un versículo del Antituo
Testamento, donde dice, "no pondrás un bozal sobre el buey". Y la
razón por la cual, eso está en Deuteronomio, es porque los bueyes trillaban el
grano. Y si se les ponía un bozal, no podían comer de lo que estaban trillando.
Y por lo tanto, ese texto lo puso Dios para
decir, "miren, el buey que trabaja es digno de su salario, es digno de que
coma". Y el apóstol Pablo está diciendo, si un individuo trabaja en el
ministerio, es justo que también viva del ministerio. Noten los versículos 13y
14 de 1 Corintios, el capítulo 9. Dice aquí el apoóstol San Pablo: "¿No
sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo",
¿quiénes trabajaban las cosas sagradas? Los sacerdotes, ¿verdad que sí? Dice:
"comen de las cosas sagradas, o comen del templo, y que los que sirven al
altar", esos son los levitas, ¿sí o no? Los sacerdotes, "comen del
altar o participan del altar? Y ahora escuchen esto: "Así también" es
decir, de la misma manera, como allá los que servían en el templo, y en el
altar, comían de las cosas del altar y del templo, dice el apóstol Pablo, así
también "sugirió el Señor" ¿eso es lo que dice, sugirió el Señor?
"Así también recomendó el Señor", no. Dice: "Así también ordenó
el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio". Al igual,
dice él, que los que servían en el altar y los que servían en el templo, vivían
de los diezmos que la gente traía al alfolí, de la misma manera, hoy, ordenó
Dios, que los que anuncian el evangelio, los que proveen las necesidades
espirituales de la iglesia, es necesario que vivan del evangelio.
Es decir, que vivan de los diezmos. ¿Y saben
que cuando la gente diezma, es una inversión? Porque cuando ustedes meten el
dinero del diezmo en el plato de la ofrenda, el resultado es que el Pastor va a
servir sus necesidades espirituales. Es decir, ustedes lo que están haciendo es
invirtiendo, para que el Pastor tiempo completo, pueda hacer bautismos, pueda
tener campañas evangelísticas, pueda predicar los sábados, pueda visitarlos
cuando están enfermos, puedan ir al hospital, etc.
Es decir, el diezmo es una inversión que nos
regresa a nosotros en los servicios del ministro. Es decir, que hasta ahora
hemos estudiado tres principios. Número 1, Dios es el dueño de todo. Número 2,
nos ha colocado sobre sus posesiones, como administradores. Principio número 3,
se ha reservado una porción que nosotros ni siquiera debemos administrar. Y
quiero decirles, nosotros no pagamos el salario del pastor. El salario del
pastor lo paga Dios. Porque el diezmo es de Dios. Así que no se crean de mucho
y digan, "ay, yo pago el salario de mi pastor". No señor. Porque ese
dinero no es de ustedes para pagarle al pastor. Ustedes sencillamente lo traen
a la iglesia, y Dios le paga al pastor. ¿Me están entendiendo lo que estoy
diciendo?
Ahora, el principio número 4, muy sencillo.
El principio número 4 es, que si nosotros respetamos la porción que Dios se ha
reservado, el resultado va a ser bendición. Si nosotros irrespetamos la porción
que pertenece a Dios, vamos a traer sobre nosotros una maldición. ¿Saben
ustedes que en el libro de Génesis nos dice que Dios bendijo todo lo que él
creó? Noten Génesis 1:28. Dice: "Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los
peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven
sobre la tierra". Dios bendijo todo lo que creó. Pero luego en Génesis el
capítulo 3, dice que Adán y Eva pecaron. ¿Y saben cuál fue el pecado de ellos?
Se agarraron lo que Dios se había reservado para él. Podemos decir que se agarraron
del diezmo de Dios, para usarlo para ellos. Es decir, no respetaron la porción
de Dios. Y como resultado ¿qué vino al mundo? Ustedes pueden leer en Génesis
3:14. Solo les doy la referencia. Génesis 3:17 y Génesis 4:11, nos dice que la
serpiente fue maldita, la tierra fue maldita y cayó una maldición sobre Caín.
Es decir, cuando tomaron la porción que pertenecía a Dios, ¿como resultado vino
qué cosa? La maldición. No es que Dios dice: "Ah, si tú no me devuelves el
diezmo, te maldigo". No. Cuando usamos la porción que pertenece a Dios,
nosotros traemos sobre nosotros mismos una maldición. Noten lo que dice
Malaquías 3 y los versículos 9 y 10. Este es el pasaje famoso sobre el diezmo
en la Escritura. Dice aquí Dios: "Malditos sois con maldición, porque vosotros,
la nación toda, me habéis robado". ¿Por qué es que vino la maldición?
¿Porque la nación había qué? Robado a Dios. Luego Dios da la solución. Dice:
"Traed todos los diezmos al alfolí", el alfolí era un lugar en el
templo adonde la gente traía para depositar los bienes agrícolas que traían,
"y haya alimento en mi casa"; es decir en el templo y probadme ahora
en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los
cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde". Dios
dice, sois malditos con maldición porque me han robado. Dice, pero si ustedes
respetan mi porción les voy a derramar una bendición que no van a tener
suficiente espacio para recibir las bendiciones que yo les voy a derramar. Es
una promesa de Dios.
Hayamos ilustraciones como estas en las
Escrituras. Tenemos, por ejemplo, la historia de Elías. No había llovido por
tres años. Dios mandó a Elías a ir a un pueblo, al pueblo de Sarepta, y Dios
dijo allá te vas a encontrar con una viudita, y ustedes pueden leer esto en 1
Reyes 17, solamente les estoy contando la historia. Llega Elías allá al pueblo.
Cuando está entrando al pueblo encuentra a esta viejia, viuda, recogiendo unos
pocos pedacitos de leña y entonces Elías le dice: "Mira buscame un vaso de
agua". La agua era un lujo porque no había llovido en tres años. Así que
la viudita dijo: "Está bien". Y cuando está yendo para buscar el
agua, le dice Elías, Elías es el ministro de Dios, porque es el profeta, le
dice Elías: "¿Y no tienes algo de comer?" Y la viudita le dice:
"Lo único que tengo es un poquito de harina, un poquito de aceite y voy a
hacer unos pocos panecitos y luego mi hijo y yo nos vamos a morir". Y
ahora imagínense que egoísta es el profeta. El profeta le dice a la viuda:
"Mira, ve y haz los pancitos, pero tráeme a mí un pancito primero".
Oye, robándole a las viudas el ministro de Dios. Pero luego le dijo Elías a la
viudita, le dijo: "Mira, si tú haces lo que yo te digo, si tú me traes el
pequeño pan primero, al ministro de Dios, te aseguro que no va a escacear la
harina ni el aceite hasta que llueva de nuevo en la tierra". Ahora la
viuda tenía que decidir, me muero con la barriga llena o me arriesgo a ver si
de pronto lo que el profeta dice es la verdad. Ella fue y le hizo la pequeña
torta a Elías primero.
Y saben que la Biblia dice que no escaceó ni
el aceite ni la harina hasta que volvió a llover sobre la tierra. ¡Sacaba
aceite y sacaba, sacaba harina, todos los días sacaba y sacaba y no se acababa!
¡Por seis meses esos barriles produjeron harina y aceite! Ella nunca habría
sabido si Dios estaba hablando en serio al menos que lo hubiera probado. Por
eso dice: "Probadme ahora en esto". Hay gente que dice: "Ay
Pastor, pero a mí no me alcanza el dinero para diezmar". ¿Saben algo? Yo
les doy una formula donde siempre les alcanza el dinero para diezmar y es,
dénlo primero. Si lo devuelven primero siempre les va a alcanzar el dinero para
diezmar. Y fijense que cuando Dios nos pide que diezmemos, Dios promete que nos
va a suplir todo lo que nosotros necesitamos para nuestra vida, junto con lo
que nos pide, promete una gran bendición. También hallamos estos cuatro
principios ilustrados en la historia de José. Ustedes saben que Potifar era el
dueño, ¿verdad? José fue a parar a la casa de este hombre Potifar, hombre
grande allá en Egipto.
Y nos dice la Biblia que aunque Potifar era
el dueño, ¿José era qué cosa? Era el mayordomo. Y era un buen mayordomo, porque
cuidaba lo del dueño, lo invertía, lo multiplicaba. Mejor dicho, Potifar
confiaba tando en José, que lo único que sabía era cuando le ponían la comida
en la mesa. Ni se preocupaba por lo que tenía o no tuviera. Pero había algo que
Potifar se reservaba solamente para sí, su esposa. Y ahí era que se iba a
probar la mayordomía de José. Podía administrar todo, pero la esposa era de
Potifar. Y José escogió respetar lo que Potifar se había reservado para sí. Y
algunos dicen: "Sí, pero fijese, respetó lo que pertenecía a Potifar y
allá fue a para a la cárcel". "¿Acaso la Biblia no dice que cuando
respetamos, cuando somos buenos mayordomos, que viene bendición?" ¡Ah!
Pero es que a veces las bendiciones no vienen inmediatamente. A veces las
bendiciones se demoran. José fue a parar a la cárcel, eso es verdad, pero para
hacer una larga historia corta, al final como resultado de ir a la cárcel,
conoció el copero del faraón, llegó a ser el primer ministro de Egipto y llegó
a librar a su familia de morir de hambre. Dios ciertamente lo bendijo. No crean
que Dios inmediatamente que empiezen a diezmar, les va a llover billetes del
cielo. ¡No! A veces se demora, pero Dios promete que no nos va a faltar. Leamos
algunos versículos para concluir sobre estos principios. ¿Entienden los
principios? Sencillitos. Dios es el dueño de todo. Nosotros somos sus
administradores. Dios se ha reservado una porción que es exclusivamente para
él. Si respetamos esa porción, bendición. Si irrespetamos esa porción,
maldición. Así de sencillo es.
Ahora, escuchen bien lo que dice Hechos
20:35, porque uno de los mayores problemas que tiene el hombre es que el hombre
es egoísta por naturaleza. Le gusta acaparar, le gusta guardar, le gusta
ahorrar, no le gusta dar. Dice el apóstol San Pablo en Hechos 20:35: "En
todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y
recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que
recibir". Más bienaventurada cosa es dar que recibir. ¿Ustedes recuerdan a
Zaqueo? Cuando Zaqueo se convirtió al Señor, inmediatamente cambió la forma
como administraba su dinero. Antes era egoísta y era ladrón porque cobraba
impuestos y cobraba mas de la cuenta. Pero cuando se entregó a Jesús,
públicamente llega Zaqueo y dice: "Ahora yo anuncio que la mitad de mis
bienes van para los pobres". Y algunos dicen, ¿y por qué nomás da la
mitad? ¿Por qué no lo da todo? Ah, por la segunda parte de lo que dijo: "Y
si en algo he defraudado, le voy a pagar cuatro veces mas de lo que le
defraudé". La otra mitad la necesitaba para pagarle a todos los que había
defraudado. Es decir, cuando se convirtió a Jesús, su forma de mirar el dinero,
cambió. Ustedes recuerdan la historia de la viudita esa. Se encuentra en San
Marcos capítulo 12. Jesús está parado con los discípulos y llega una viudita
ahí, pobrecita, con dos blancas, con dos moneditas. Y ustedes pueden leer ahí
los magnates, los importantes venían y traían sus manos llenas de monedas y las
echaban ahí. Y todo el mundo: ¡Uh, miren cuánto echó ese! Y viene la viudita en
medio de todos esos y ahí, sin que se fijara nadie mete las dos blancas.
Y dice ahí en San Marcos, el capítulo 12,
Jesús dice: "Miren, miren", le dice a los discípulos, "esa
viudita dio mas que todos los demás, porque ellos dieron de lo que les sobraba,
pero ella dio todo lo que tenía". Saben ustedes que nuestra generosidad no
se mide por lo que damos, si no por lo que nos queda después que damos. No
registró eso ¿verdad? ¡El sacrificio no se mide por lo que damos, sino por lo
que nos queda después que hemos dado! Si damos y nos queda un montón, no hemos
hecho ningún sacrificio. Lo que hizo que la viuda hubiera dado mas, es que
cuando ella dio no le quedó nada. Eso es sacrificio de verdad. Noten lo que
dice el apóstol Pablo. 1 Timoteo 6:9, 10. El dinero es un peligro grandísimo,
queridos hermanos y amigos. Es un peligro. Puede traer mucha bendición al
mundo. Pero también representa un peligro para nosotros. 1 Timoteo 6:9, 10.
Dice: "Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en
muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y
perdición; porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual
codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos
dolores". Con razón el Señor Jesucristo habló tando del dinero. Para
concluir, quiero decirles que allá en el mar, en la tierra de Israel, hay dos
mares, el Mar de Galilea y el Mar Muerto. El mar de Galilea ustedes van y
encuentran que está lleno de vida, lleno de peces, aves a sus alrededores.
Mucho verdor, árboles, pasto verde. Es decir, todo es vida. El Jordán sigue
fluyendo del Sur del Mar de Galilea y va al Mar Muerto y cuando llega al Mar
Muerto no hay nada vivo ahí. No hay vegetación. No hay peces. No hay
microorganismos, no hay aves en el cielo. Está bien nombrado ese mar, es el Mar
Muerto. Y por qué razón es que el Mar de Galilea tiene tanta vida y el Mar
Muerto está tan muerto. Muy sencillo. El Mar de Galilea le entra al Río Jordán
por el norte y luego el Mar de Galilea da su agua por el sur. Es decir, el Mar
de Galilea recibe para dar, mientras que el Mar Muerto no le da a nadie. El
agua que llega al Mar Muerto, queda en el Mar Muerto. El agua se estanca, y por
lo tanto no hay vida.
El principio fundamental de la vida, mis
queridos hermanos y amigos, es el principio de dar. "Dad y se os
dará", dijo el Señor Jesucristo. Recordemos entonces estos cuatro
principios básicos de la verdadera prosperidad. Número 1: Reconozcamos siempre
que Dios es el dueño de todo. Número 2: Que nosotros somos sus administradores
y debemos ser fieles. Número 3: Que hay una porción que Dios se ha reservado y
debemos respetarla. Y número 4: Si respetamos eso, ¡tendremos gran bendición!