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Introducción
YA NO
hay motivo para dudar de que el libro de Daniel fuera escrito por la persona
cuyo nombre lleva. Por el espíritu de profecía, Ezequiel, uno de los
contemporáneos de Daniel, atestigua su piedad e integridad al colocarlo a la
par de Noé y Job: "Si pestilencia enviare sobre
esa tierra, y derramare mi ira sobre ella en sangre, para talar de ella hombres
y bestias, y estuvieren en medio de ella Noé, Daniel,
y Job, vivo yo, dice el Señor Jehová, no librarán
hijo ni hija; ellos por su justicia librarán su vida." (Ezequiel
14:19,20.) De lo que dice el mismo autor se desprende que ya en esa época era
proverbial la sabiduría de Daniel. El Señor ordeno, en
efecto, que se dirigiesen estas palabras al rey de Tiro: "He aquí que eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto."
(Ezequiel 28:3.) Pero, sobre todo, nuestro Señor Jesucristo
lo reconoció como profeta de Dios, y ordenó a sus discípulos que comprendiesen las predicciones hechas por su intermedio para
beneficiar a su iglesia: "Por tanto, cuando viereis
la abominación del asolamiento, que fue dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda),
entonces los que están en Judea, huyan a los montes." (S.Mateo 24:15,
16.)
Aunque tenemos, acerca de la primera parte de la vida de Daniel,
algunos detalles más que los registrados con relación a cualquier otro profeta,
estamos completamente a obscuras acerca de su nacimiento y linaje; y sólo
sabemos que era de descendencia real, probablemente
de la casa de David, la cual había llegado a ser muy numerosa en aquel entonces. Daniel se presenta en el principio de
su libro como uno de los nobles cautivos de Judá, llevados a Babilonia al comieenzo del cautiverio de setenta años,
en 606 ante. de J.C. Ezequiel inició su ministerio poco después, y algo más
tarde, Abdías; pero todos estos terminaron
su obra años antes que se cerrara la larga y brillante carrera de Daniel. Sólo
tres profetas le sucedieron: Haggeo y
Zacarías, que ejercieron contemporáneamente el cargo profético durante un breve
período, de 520-518 ante. de J.C., y Malaquías, el último de los profetas
del Antiguo Testamento, que floreció brevemente hacia 397 ante. de J.C.
Durante los setenta años de cautiverio que sufrieron los judíos, de
606 a 536 ante. de J.C., conforme a lo predicho por Jeremías (Jeremías
25:11), Daniel residió en la corte de Babilonia,
la mayor parte del tiempo como primer ministro de aquella monarquía. Su vida nos
ofrece la más impresionante lección relativa a cuán importante y ventajoso es mantenerse desde la misma adolescencia
estrictamente íntegro para con Dios, y proporciona
el notable ejemplo de un hombre que profesó una piedad eminente y cumplió fielmente todos los deberes incumbentes al
servicio de Dios, al mismo tiempo que se dedicaba a las actividades más
agitadas y sobrellevaba los cuidados y las responsabilidades de más peso
que puedan caer sobre los hombres en esta vida terrenal.
¡Cuánta reprensión hay en esta conducta para muchos que, a pesar de no
tener la centésima parte de esos cuidados para absorber su tiempo y
atención, procuran, sin embargo, excusar su
completa negligencia de los deberes cristianos con la declaración de que no
tienen tiempo para cumplirlos! ¿Qué dirá a los tales el Dios de Daniel
cuando venga para recompensar imparcialmente
a sus siervos, según hayan aprovechado o descuidado las oportunidades
que les fueron ofrecidas?
Pero lo que perpetúa el recuerdo de Daniel y honra su nombre no es
sólo ni principalmente su relación con la monarquía caldea. Desde el
pináculo de su gloria, vio decaer ese reino y pasar
a otras manos. Tan breve fue la supremacía de Babilonia y pasajera su gloria,
que la vida de un solo hombre abarcó
el período de su mayor prosperidad. Pero a Daniel le fueron confiados
honores más perdurables. Aunque le amaron y honraron los príncipes y potentados de Babilonia, resultó infinitamente más
ensalzado al ser amado y honrado por Dios y sus santos ángeles, y al ser
hecho partícipe de los consejos del Altísimo.
Su profecía es
en muchos respectos la más notable de cuantas contenga el Libro Sagrado. Es la
más abarcante. Fue la primera profecía que diera una historia consecutiva del
mundo desde aquel tiempo hasta el fin. La
mayoría de sus predicciones encuadraban dentro de períodos proféticos bien
determinados, aunque penetraban hasta
muchos siglos en el futuro. Ofreció Daniel la primera profecía definida y cronológica de la venida del Mesías. Señaló tan
distintamente la fecha de aquel suceso que los judíos llegaron hasta prohibir cualquier tentativa de interpretar
sus números, puesto que esa profecía los deja sin excusa por haber rechazado a
Cristo. De hecho, las predicciones detalladas y literales de Daniel se habían
cumplido con tanta exactitud hasta el tiempo de Porfirio, hacia 250 de nuestra era,, que este filósofo pagano declaró que
las predicciones no fueron escritas en la época de Babilonia, sino
después de ocurridos los acontecimientos. Tal fue la única salida que pudo
idear para su apremiado escepticismo. Pero esta evasión ya no es posible; porque cada siglo sucesivo ha
comprobado en forma adicional la veracidad de la profecía, y ahora mismo, en nuestra propia época, nos estamos acercando
a la culminación de su cumplimiento.
La historia personal de Daniel nos lleva hasta una fecha que es en
algunos años ulterior al derrocamiento del reino babilónico por los medos y los
persas. Se cree que murió en Susa, capital de Persia, hacia el año 530 antes. de
J.C., a la edad de noventa y cuatro años; y su edad fue probablemente la razón porr la cual no regresó a Judea con otros
cautivos hebreos cuando se produjo la
proclamación de Ciro (Esdras 1:1), que en 536 ante. De J.C. marcó el fin
de los setenta años de cautiverio.