Un poco de historia de las diferentes interpretaciones de los sellos.

Los primeros conceptos son fragmentarios.-

Algunos intentos de explicar los sellos se remontan a los primeros siglos. Ireneo, de la antigua Galia (c. 130-c. 202), sólo alude a Cristo como el jinete del caballo blanco. Tertuliano (c. 160-c. 240), escritor eclesiástico de Cartago, de paso comenta acerca del quinto sello como algo futuro, y del sexto sello como el tiempo de la disolución final de la tierra y del cielo al fin del mundo. Pero fue Victorino el primero que dio un enfoque global a los siete sellos, explicando que abarcaban el período -corto para él- entre el primero y el segundo advenimiento.

El primer sello -el jinete coronado del caballo blanco- simbolizaba, para él, la iglesia de Cristo que avanzaba en su misión victoriosa por el mundo, el cristianismo triunfante sobre el paganismo. El segundo sello -el caballo rojo- significaba el advenimiento de guerras. El tercer sello -el caballo negro- representaba hambres en tiempo del anticristo, y el cuarto sello -el caballo pálido- las destrucciones venideras. El quinto sello señalaba la merecida retribución para los santos y para los pecadores. El sexto sello con sus señales simbolizaba presagios de los últimos acontecimientos; y el séptimo sello introducía el eterno descanso en el reino de Cristo.

Se amplía la comprensión medieval.-

Andreas, arzobispo griego de Cesarea de Capadocia, en el siglo VII veía en los sellos: (1) la victoria de la iglesia apostólica; (2) las luchas y guerras causadas por la iglesia; (3) la apostasía de los infieles; (4) la plaga en el tiempo de Maximiano; (5) el clamor de los mártires; (6) el tiempo de angustia bajo el predominio del anticristo; (7) la recompensa final de Dios para los bienaventurados. El Venerable Beda estableció en el siglo VIII una séptuple división del Apocalipsis. El primer sello sería la iglesia primitiva; el sexto, el tiempo del anticristo, y el séptimo, el comienzo del descanso eterno; pero los otros cuatro no serían períodos de tiempo. El segundo, el tercero y el cuarto sello serían la triple guerra desatada contra la iglesia por perseguidores, falsos hermanos y herejes. El quinto sello sería la gloria de los vencedores en esa guerra. La posición de Beda fue considerada como la norma hasta el siglo XII, y fue seguida por la Glossa de Walafrid Strabo y por la exposición de Haymo de Halberstadt.

Bruno de Segni (m. 1123) propuso la idea de que los primeros cinco sellos revelan el gradual deterioro de la iglesia, y el sexto la última tribulación bajo el predominio del anticristo. Después Anselmo de Havelberg (m. 1158) dio el paso siguiente e hizo de los sellos siete eras históricas, desde la pureza primitiva del Evangelio hasta el descanso eterno final. También trató de demostrar dónde encajaban dentro de la historia. El segundo caballo, rojo por la sangre de los mártires, es el período del emperador Diocleciano; el tercero, la iglesia oscurecida por la herejía de Arrio y otros; el cuarto, pálido debido al impacto de la hipocresía, contrabalanceado por Agustín, Bernardo de Claraval y otros; el quinto se refiere a los mártires que sufrieron por Dios; el sexto presenta al mundo convulsionado durante el período del anticristo. En el séptimo sello la iglesia reposa en la bienaventuranza celestial.

Influido por Anselmo, Joaquín de Flore (Floris o Fiora) introdujo su séptuple división de la era cristiana, que abarcaba: (1) la iglesia primitiva hasta la muerte de Juan; (2) las persecuciones paganas hasta Constantino; (3) la controversia arriana hasta Justiniano; (4) los sarracenos hasta Carlomagno; (5) el clero y monjes romanos hasta el tiempo del mismo Joaquín; (6) el juicio de Babilonia; (7) el descanso del reposo sabático final. El nuevo énfasis de Joaquín en la interpretación histórica fue seguido por los joaquinitas del siglo XIII, como Pierre Jean d'Olivi, que concordaba en que los cuatro primeros sellos representan los sufrimientos de la primera hora, las persecuciones paganas, los herejes arrianos, los hipócritas; pero añadía que bajo el quinto sello -en desarrollo entonces- la sede de Roma se había convertido en el trono de la bestia.

Amplio enfoque de los hombres anteriores a la Reforma.-

En los tiempos inmediatamente anteriores a la Reforma encontramos a R. Wimbledon, predicador lolardo, que explicaba los siete sellos en los conocidos períodos sucesivos de la iglesia primitiva: la persecución, las herejías, los hipócritas, etc. Es notable que él viera a los ministros del diablo impidiendo la predicación del Evangelio en el tiempo del anticristo. John Purvey (m. 1428), colaborador y sucesor de Wyclef y escritor del primer comentario protestante, enseñaba, en esencia, las mismas series o secuencias de Savonarola, reformador italiano martirizado en 1498, quien vio en el caballo pálido el tiempo de tibieza aplicable en sus días a la iglesia de Roma, en la que no quedaba amor.

Ampliación en los tiempos de la Reforma.-

Martín Lutero aplicó los sellos, en el tiempo de la Reforma, a los males físicos o políticos, como guerras, hambres, pestes y martirios, y no a períodos de tiempo; sin embargo, Theodor Bibliander, exégeta suizo (m. 1564), entendía los sellos como períodos sucesivos. John Bale (m. 1563) veía en el cuarto sello a la iglesia cuando los obispos procuraban la preeminencia, como fue el caso del papa Bonifacio III, quien se atribuyó a sí mismo el título de vicario de Dios en la tierra. En lo que respecta a las almas debajo del altar bajo el quinto sello, veía el martirio de los valdenses y albigenses. François Lambert, primer monje francés convertido al protestantismo, creía que después de la persecución descrita en los sellos, vendría en el último sello la pausa de los 1.000 años de Apoc. 20.

Tanto John Hooper (martirizado en 1555), obispo de Gloucester y Worcester, como Thomas Cranmer (1489-1556), arzobispo de Canterbury, aplicaban el cuarto sello al período papal, así como lo hicieron los escritores posteriores a la Reforma, como el rey Jacobo I de Inglaterra y David Pareus (1548-1622), notable profesor calvinista de Heidelberg.

La Contrarreforma introduce el futurismo.-

En los tiempos de la Contrarreforma, el jesuita Francisco Ribera sostuvo en su exposición futurista que los sellos abarcaban: (1) la era apostólica; (2) las primeras persecuciones; (3) las herejías; (4) la persecución de Trajano. Pero creía que los fenómenos del sexto sello indicaban señales justamente antes del segundo advenimiento al fin de los siglos. Así pasaba por alto los siglos intermedios. Su compañero en el futurismo, el belga Cornelio de Lapide (1567-1637), situaba todos los sellos en el futuro; pero el preterista Luis de Alcázar los relegaba al pasado, antes de la caída de Jerusalén en el año 70 d. C.

Mede aplica su extraña teoría.-

Joseph Mede, profesor de Cambridge, expuso su extraño concepto que limitaba los seis primeros sellos a la Roma imperial hasta Diocleciano y Constantino. Consideraba que las trompetas eran el desarrollo del séptimo sello. Cierto número de escritores siguieron su sistema.

Sin embargo, en oposición a esta interpretación, otros extendieron los sellos a toda la historia de la iglesia, como Thomas Burnet (1635-1715), clérigo y autor inglés; Matthaeus Hofmann de Silesia (que esperaba que el quinto sello terminara en 1747); Johann H. Alsted de Herborn (1588- 1638), y Matthias Hoë von Höenegg (1580-1645), predicador de la corte de la Sajonia electoral en tiempos de la Guerra de los Treinta Años.

Sir Isaac Newton (1642-1727), renombrado profesor de Cambridge, sostenía que los cuatro primeros sellos se referían a asuntos civiles durante el Imperio Romano pagano, pero ubicaba en el quinto sello las perversiones y persecuciones del hombre de pecado, el papa. Hacía comenzar el séptimo sello en el día de la expiación.

Poco cambio en la Norteamérica colonial.-

En la Norteamérica colonial de los pioneros, Thomas Parker (1595-1677) colocaba el sexto sello junto con la última trompeta, la última copa, el fin de los 1.335 años y los últimos juicios sobre el anticristo. Un laico erudito de Boston, Samuel Hutchinson (1618-1667) creía que el cumplimiento, tanto de los sellos como de las trompetas, ya se estaba viendo. El Dr. Benjamín Gale de Connecticut (1715-1790) creía que el séptimo sello, la séptima trompeta y la séptima copa "terminan en uno y el mismo período de tiempo, a saber, con la destrucción de la Babilonia simbólica".

El terremoto de Lisboa, un cumplimiento.-

Cuando ocurrió el devastador terremoto de Lisboa en 1755, Thomas Prentice, clérigo congregacional, aplicó a esa catástrofe el sexto sello y también Mat. 24: 27. Lo llamó un presagio del fin del mundo y de la venida del Señor para juzgar, cuando tendría lugar el cumplimiento supremo.

El despertar adventista del siglo XIX.-

Precisamente antes del despertar adventista del siglo XIX en el Viejo Mundo, Andrew Fulier (1754-1815), teólogo bautista de Ketteringham, Inglaterra, retomó la teoría de Mede: que al terminar el séptimo sello vendrían a continuación las trompetas. Pero el dominico francés Bernard Lambert, en 1806 consideró el sexto sello como las convulsiones literales del cielo y de la tierra precisamente antes de la gran consumación, y la media hora de silencio como una breve tregua antes de los últimos tremendos juicios. Por el contrario, James H. Frere ubicó en 1815 el cumplimiento de los sellos en el Imperio Romano de Occidente, como un período paralelo al de las siete trompetas en el Imperio de Oriente.

Muchos escritores británicos sostenían en los comienzos del despertar adventista del siglo XIX, que los siete sellos abarcaban la era cristiana, y así también lo hicieron el juez francés Pierre J. Agier y el profesor suizo Louis Gaussen. Henry Drummond, miembro del parlamento británico (1786-1860), veía en los sellos a la iglesia cristiana a través de los siglos, cambiando de la pureza a la apostasía. El sexto sería "el castigo del papado, que comenzó con la Revolución Francesa"; y el séptimo, la destrucción de "toda la cristiandad". Varios creían -James Leslie de Edimburgo, Matthew Habershon, inglés arquitecto de iglesias y William Anderson, ministro presbiteriano escocés- que el sexto sello era la Revolución Francesa. Pero William Cuninghame (1813), Alexander Keith de Escocia (1826) y George Croly de Irlanda (1827), sostenían que el sexto sello era aún futuro.

Intérpretes norteamericanos.-

Unos pocos Intérpretes norteamericanos no mileritas, del siglo XVIII o comienzos del XIX -Uzal Ogden, William F. Miller, Aarón Kinne y Ethan Smith- siguieron a Mede al limitar los seis primeros sellos a los primeros siglos; pero el Dr. Amzi Armstrong, educador y clérigo presbiteriano, en 1815 sostuvo el punto de vista predominante de que los sellos presentan la historia de la iglesia de la siguiente forma: (1) a partir del "blanco" apostólico; (2) a través del "rojo" de las persecuciones paganas hasta el tiempo de Constantino; (3) durante el período "negro", de hambre por la Palabra de Dios, desde Constantino hasta las invasiones de los bárbaros; (4) el período "pálido" de la extinción de la vida espiritual hasta la Reforma; (5) el reavivamiento del espíritu de los mártires; (6) las grandes sacudidas, cuando el reino de piedra herirá a todos los reinos terrenales, y (7) la paz y el descanso del milenio.

Samuel M. McCorkle, laico de la Iglesia de los Discípulos, declaró que los siete sellos nos llevan a través de la introducción del cristianismo, las primeras persecuciones paganas, el apoyo estatal para la iglesia, las corrupciones consecuentes, las persecuciones eclesiásticas, la iglesia enrollada como un rollo y removida, y finalmente el descenso de la nueva Jerusalén, o el milenio.

Para el canadiense Adam H. Burwell, los siete sellos junto con las siete iglesias y las siete trompetas, terminan "en el gran día de la ira y de la venida del Hijo del Hombre". Los dirigentes del movimiento milerita escribieron poco acerca de los sellos; su mente estaba ocupada en las siete trompetas, las dos bestias, las dos mujeres de Apoc. 12 y 17, los dos testigos, los períodos con elementos cronológicos y el milenio. Aceptaban como algo axiomático que los siete sellos cubrían la era cristiana, en lo cual estaban de acuerdo con la mejor erudición del pasado.

 

El Sermon del monte y los Sellos

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