EL YUGO QUE JESUS NOS INVITA A LLEVAR.
Entonces
para ser un verdadero cristiano, tengo que imitar al modelo que es Cristo Jesús. Y la única forma que lo puedo hacer es tener una relación
personal con el por medio del estudio de su Palabra, la oración y la meditación
con el. Debo ir a la fuente que es el. “Venid a mí todos los que estáis trabajados
y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras
almas. Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.” Mateo
11:28–30.
¿Qué
significa venir a Jesús? ¿Cuál es este yugo que Jesús nos invita a llevar?–
Es la obediencia a toda la verdad conocida, sin transigir ni siquiera en lo
más mínimo. La mansedumbre y la humildad caracterizarán a todos los que son obedientes
a la ley de Dios y su Palabra , a todos los que se
someten a llevar el yugo de Cristo. Y esas gracias traerán el conveniente
resultado de la paz en el servicio de Cristo. El yugo y la cruz son símbolos
que representan la misma experiencia: “Entonces Jesús dijo
a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y
tome su cruz y sígame.” Mateo 16:24. El requisito para llevar la
cruz es tomar el yugo de Jesús: “Aprended de mí, que
soy manso y humilde de corazón.” Aprender las lecciones que
Cristo enseña es el mayor tesoro que los estudiantes pueden encontrar. Obtienen
el descanso al estar conscientes de que están tratando de agradar al Señor. El
yugo––la cruz––es nuestra declaración de que nos sometemos a la voluntad de
Dios con mansedumbre y humildad.
Jesús le entregó su voluntad a su Padre: “Porque
he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me
envió.” Juan 6:38. Él entregaba constantemente su voluntad a los
requerimientos de la perfecta ley de Dios, la cual es un trasunto de su
carácter. Su obediencia puede ser la nuestra cuando tenemos el deseo de que
Dios cree en nosotros la voluntad para obedecer toda la verdad conocida, sin
hacer ningún compromiso. Esto es lo que significa morar en Cristo. La unión con
Cristo por la fe viviente es duradera; cualquier otra unión debe perecer.
Cristo nos escogió primero, pagando un precio infinito por nuestra redención; y
el verdadero creyente escoge a Cristo como lo primero, lo último y lo mejor en
todo. Pero esta unión nos cuesta algo. Es una unión de completa dependencia, de
la cual ha de entrar a formar parte un ser orgulloso. Todos los que forman esta
unión deben sentir la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo. Necesitan un
cambio de corazón. Deben someter su propia voluntad a la de Dios. Habrá una
lucha con obstáculos internos y externos. Debe haber una obra dolorosa de
separación así como de unión. Deben ser vencidos el orgullo, la vanidad, la
mundanalidad, el pecado en todas sus formas, si queremos unirnos con Cristo. La
razón por la cual muchos encuentran la
vida cristiana tan deplorablemente dura, la razón porque son tan inconstantes,
tan variables, es que tratan de unirse a Cristo sin haberse separado primero de
estos ídolos acariciados.
Los creyentes se convierten en uno en Cristo; pero una rama no puede ser
sostenida por la otra. El alimento debe obtenerse a través de la conexión vital
con la Vid. Debemos sentir nuestra
absoluta dependencia de Cristo. Debemos vivir por fe en el Hijo de Dios. Ese es
el significado del mandato: ‘Estad en mí.’ La vida que vivimos en la carne no
es para hacer la voluntad de los hombres, no para complacer a los enemigos del
Señor, sino para servir y honrar al que nos ama, y se dio a sí mismo por
nosotros. El simple asentimiento a esta unión, mientras los afectos no se han
separado del mundo, sus placeres y sus disipaciones, solamente estimulan el
corazón a la desobediencia. La humildad de Cristo es su poder, el cual imparte
fortaleza para vencer toda tentación y pecado. Para morar en Cristo, llevar su
yugo, debemos mediante el poder del Espíritu Santo, crucificar diariamente el
yo, practicando la presencia de nuestro Redentor. “Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí. Y lo que ahora vivo en la
carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo
por mí.” Gálatas 2:20. “Aquí está la paciencia de los santos, aquí
están los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.”
Apocalipsis 14:12. El Señor necesita hombres que sean veraces, que no busquen
ser promovidos, cuyo curso de acción esté marcado por la abnegación. La naturaleza
de nuestra confianza demanda que el yo se pierda en Cristo; que en la vida diaria
busquemos imitar la vida de Cristo de la mejor manera posible. Todo pecado,
desde el más pequeño hasta el mayor, puede ser vencido mediante el poder del Espíritu Santo.
Dios desea que levantemos al Salvador como uno que ha sido crucificado
entre nosotros. Debemos pensar y hablar de Cristo, alabando y magnificando su
nombre. Como siervos de Dios necesitamos abandonar todo sentido de importancia
personal y estar en Cristo, sin tomar para nosotros ni una jota ni un tilde de
crédito. Si estamos en Cristo, lo revelaremos en nuestro carácter. De esa
manera nos convertimos en canales mediante los cuales Dios puede enviar luz. Que
Dios nos ayude a negar el yo y a tomar la cruz de Cristo, es mi oración.