
Apoc 2:1-7."ESCRIBE al ángel de la iglesia en EFESO: El que tiene las
siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de
oro, dice estas cosas: Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no
puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no
lo son, y los has hallado mentirosos; Y has sufrido, y has tenido paciencia, y
has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que
has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete,
y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto á ti, y quitaré tu
candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Mas tienes esto, que
aborreces los hechos de los Nicolaítas; los cuales yo también aborrezco. El que
tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. Al que venciere, daré á
comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
La aplicación de los diversos
mensajes para las siete iglesias a siete períodos consecutivos de la historia
de la iglesia sugiere, naturalmente, la conveniencia de utilizar una serie de
fechas de transición para facilitar la coordinación de los distintos mensajes
con sus respectivos períodos históricos; sin embargo, al procurar fijar tales
fechas, es bueno recordar que:
(1) la profecía de las siete
iglesias no implica un tiempo exacto en el sentido común de la palabra, porque
no la acompañan datos cronológicos específicos. Tiene que ver principalmente
con las sucesivas vicisitudes de la iglesia, y difiere en mucho de profecías
como las que se refieren a los 1.260 días de Dan. 7:25, los 2.300 días del cap.
8:14 y las 70 semanas del cap. 9:25.
(2) Es difícil delimitar con
fechas exactas los grandes períodos de la historia. Usadas con este fin las
fechas son, en el mejor de los casos, hitos útiles de un carácter más bien
general sin determinar límites exactos. La verdadera transición de un período a
otro es un proceso gradual; sin embargo, conviene escoger fechas aproximadas para
ayudar a correlacionar los mensajes con los acontecimientos correspondientes de
la historia. Algunos pueden sugerir fechas diferentes de las que se dan a
continuación y usarían expresiones diferentes para describir los diversos
períodos; pero estas diferencias de fechas y nombres no afectan esencialmente
el mensaje general de las cartas a las siete iglesias.
Efeso. Por consenso general, el período que aquí se
representa abarca la era apostólica, y por lo tanto puede extenderse
aproximadamente desde el año 31 d. C., año de la ascensión de nuestro Señor,
hasta el año 100 d. C.
Algunos definen el nombre Efeso
con el significado de "deseable". Efeso era en los días de Juan la
ciudad principal de la provincia de Asia, y más tarde fue su capital . Estaba
situada en el extremo occidental de una gran carretera que atravesaba el Asia
Menor desde Siria; esto y su ubicación como un puerto marítimo importante sobre
el mar Egeo, hacían de ella un centro comercial importante. Parece que el
cristianismo fue predicado allí por primera vez por Pablo alrededor del año 52
d. C., cuando se detuvo por un corto tiempo en esa ciudad de camino a Jerusalén
y Antioquía en su segundo viaje misionero. Sus amigos Aquila y Priscila se
radicaron allí en esa ocasión y, junto con un judío alejandrino llamado Apolos
-cuyo concepto del cristianismo parece haaber sido formado antes de Pentecostés-
fomentaron la obra de evangelización hasta el regreso de Pablo, quizá uno o dos
años más tarde (Hech. 18: 19 a 19: 7). Esta vez el apóstol permaneció en Efeso
unos tres años , más que en cualquier otro lugar en sus otros viajes
misioneros. Esto parece indicar que su obra allí fue muy fructífera. Lucas, su
biógrafo, declara que "todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos,
oyeron la palabra del Señor Jesús" (Hech. 19: 10). Por lo tanto, es
probable que durante este tiempo fueron establecidas por lo menos algunas de
las otras iglesias de Asia (ver Col. 4: 13, 15-16). Después de su primer
encarcelamiento en Roma, Pablo parece haber visitado nuevamente a Efeso, quizá
alrededor del año 64 d. C., y dejó como encargado a Timoteo (1 Tim. 1: 3).
No se conoce con exactitud nada
más de la historia de la iglesia de Efeso, hasta que su nombre aparece
probablemente unos treinta años más tarde en el Apocalipsis; sin embargo, la
tradición indica que Juan, el discípulo amado de Jesús, llegó a ser el
dirigente de esta iglesia, quizá después de la disolución de la sede cristiana
de Jerusalén, alrededor del 68 d. C., durante la guerra judío- romana. Por lo
tanto, cuando se escribió el Apocalipsis Efeso debe haber sido uno de los
centros principales del cristianismo. Era, pues, muy adecuado que el primer
mensaje de Cristo por medio de Juan hubiera sido dirigido a esta iglesia. Su
posición central en relación con el mundo cristiano general, hace más
comprensible el hecho de que su condición espiritual pudiese muy bien ser
característica de toda la iglesia durante el período apostólico período de la
historia cristiana que se extiende aproximadamente hasta fines del siglo I (c.
31-100 d. C.). Este período bien puede llamarse el de la pureza apostólica,
atributo sumamente deseable a la vista de Dios.
Anda.
Una descripción más completa de
la relación de Cristo con su iglesia que la que se da en el cap. 1: 13, donde
Juan simplemente dice que Cristo está "en medio de los siete
candeleros". Las iglesias del tiempo apostólico disfrutaron del cuidado,
la atención y el ministerio de Cristo, y esta ha sido también la privilegiada
situación de la iglesia cristiana en conjunto a través de los períodos
sucesivos de su historia. Así se cumple la promesa que el Señor hizo a sus
discípulos de estar con ellos "todos los días, hasta el fin del
mundo" (Mat. 28: 20).
Yo conozco.
A cada una de las siete iglesias
Cristo declara: "Yo conozco tus obras". Su amonestación es la de
Aquel que conoce a fondo los problemas de cada iglesia, y que por lo mismo es
capaz de indicar una solución apropiada y eficaz.
Tus.
Posesivo que corresponde a la
segunda persona del singular, porque Cristo se dirige al "ángel"
(vers. 1) que representa a cada miembro individualmente o a la iglesia como una
sola unidad. Cristo trata con los seres humanos tanto en su condición de grupos
-como una iglesia- como también en una reelación personal directa con él.
Obras.
Gr. érgon, "hecho",
"acción", "actividad", más particularmente obras que
demuestren carácter moral. La vida y conducta de la iglesia son conocidas
totalmente por Jesucristo.
Trabajo.
Gr. kópos, la fatiga o cansancio
que resulta de un intenso esfuerzo. Cristo afirma tener conocimiento de las
obras realzadas por la iglesia. También reconoce la fatiga que han causado y la
paciencia que fue necesaria.
No puedes soportar.
Ahora, como en tiempos pasados,
la iglesia se siente muy a menudo inclinada a "soportar" o tolerar en
su seno enseñanzas y prácticas malas supuestamente en nombre de la paz.
Posiblemente sea más cómodo para los ministros de Cristo permanecer callados en
cuanto a los pecados favoritos de sus congregaciones que tomar una posición
firme a favor de la verdad (cf. Isa. 30: 10; 2 Tim. 4: 3). La iglesia de Efeso
debía ser alabada por hacer una clara distinción entre la verdad y el error -ya
fuera en doctrina o en práctica- y por definirse con firmeza contra el error.
Los malos.
Es decir, los falsos apóstoles
que se considerarán un poco más adelante con mayor detalle. Los crasos errores
doctrinales se reflejan tarde o temprano en mala conducta. Lo que una persona
hace es el inevitable resultado de lo que piensa y cree (ver Prov. 4: 23; Mat.
12: 34; 1 Juan 3: 3).
Probado.
Gr. peirázÇ, "probar",
"poner a prueba". La iglesia de Efeso había investigado
diligentemente las pretensiones y enseñanzas de esos falsos apóstoles. Ignacio,
que escribió a principios del siglo II, habla de la diligencia de los cristianos
efesios al rechazar las herejías .
Juan previno a los creyentes en
una de sus epístolas en cuanto a la venida del "anticristo", y les
aconsejó que probasen "los espíritus si son de Dios" (1 Juan 4: 1-3).
Se había cumplido la amonestación dada por Pablo a los dirigentes de Efeso
muchos años antes, de que en medio de ellos entrarían los "lobos
rapaces" que "hablarían cosas perversas" (Hech. 20: 29-30).
Había aconsejado a los tesalonicenses: "examinadlo todo; retened lo bueno"
(1 Tes. 5:2 l). Pedro había escrito detalladamente respecto a los "falsos
profetas" y "f'alsos maestros" (2 Ped. 2). Cf. 1 Tim. 1:
20; 2 Tim. 4: 14-18. Aunque al
principio tal vez no era fácil reconocer los errores sutiles de sus enseñanzas,
los maestros podían ser reconocidos "por sus frutos" (Mat. 7: 15-20).
Lo mismo sucede hoy, porque el
verdadero "fruto del Espíritu" (Gál. 5: 22-23) no crece en las vidas
de los que enseñan y practican el error. Al cristiano sincero, sensible a las
cosas espirituales, se le promete que si así lo desea podrá discernir el
espíritu y los móviles no cristianos que impulsan a todo maestro del error .
Apóstoles.
Entre las herejías más serias que
amenazaron a la iglesia a fines del siglo I, estaban el docetismo y una forma
antigua del gnosticismo. Estas y otras herejías que azotaron a la iglesia de
los días apostólicos. Una antigua tradición indica en forma más específica que
un gnóstico llamado Cerinto visitó a Efeso y le creó dificultades a Juan y a su
congregación . Lo que sucedió en Efeso durante este período, en relación con
las luchas con los falsos profetas, parece haber acontecido en la iglesia
general.
Has sufrido.
La iglesia de los efesios se
había negado a "soportar a los malos" , y sufrió pacientemente la
inevitable aflicción causada por los falsos maestros y la persecución que
padeció a manos de judíos y gentiles fanáticos.
Por amor de mi nombre.
Los seguidores de Cristo eran
conocidos por el nombre de él: eran llamados cristianos. Su fidelidad a este
nombre, su lealtad a Aquel a quien reconocían como a su Señor, fue lo que los
sometió a la persecución de las autoridades romanas , y los indujo a sufrir a
manos de los que estaban empeñados en destruir su fe.
Tu primer amor.
Este "amor"
probablemente incluía un amor de todo corazón a Dios y a la verdad, y amor
mutuo fraternal para sus semejantes en general . Las controversias doctrinales
suscitadas por los falsos profetas quizá habían dado lugar a un espíritu de
división. Además, a pesar de los diligentes esfuerzos de muchos para contener la
marea de falsas enseñanzas, una cantidad de personas que permanecieron en las
iglesias sin duda estaban afectadas en mayor o menor grado por ellas. La
actividad del Espíritu Santo como mensajero de la verdad (Juan 16: 13), con la
tarea de convertir los principios de la verdad en fuerza viva para lograr la
transformación del carácter (ver Juan 16: 8-1 l; Gál. 5: 22-23; Efe. 4: 30,
etc.), fue estorbada en la medida que el error halló cabida en la iglesia.
Además, a medida que morían los que se habían relacionado personalmente con
Jesús y su testimonio dejaba de oírse, y al comenzar a borrarse la visión de la
inminencia del regreso de Cristo, la llama de la fe y la consagración ardía
cada vez más débilmente.
Quitaré tu candelero.
La iglesia perdería su posición
como legítima representante de Cristo. La iglesia había "caído", pero
la misericordia divina le dio una oportunidad de arrepentimiento (cf. 2 Ped. 3:
9).
Si no te hubieras
arrepentido.
En el Prólogo de su Epístola a
los Efesios, Ignacio nos informa que la iglesia prestó atención a la invitación
que le decía "recuerda", "arrepiéntete", y "haz las
primeras obras".
Nicolaítas.
Una de las sectas heréticas que
atormentó a las iglesias de Efeso y Pérgamo (vers. 15) y tal vez a otras.
Ireneo identifica a los nicolaítas como una secta gnóstica: "Juan el
discípulo del Señor, predica esta fe [la deidad de Cristo], y mediante la
proclamación del Evangelio procura quitar aquel error que había sido diseminado
entre los hombres por Cerinto, y mucho tiempo antes por los llamados
nicolaítas, que son una rama de aquella falsamente llamada 'ciencia', a fin de
poder confundirlos y persuadirlos de que sólo hay un Dios que hizo todas las
cosas por su Palabra" . Hay también evidencia histórica de que más o menos
un siglo después hubo una secta gnóstica llamada de los nicolaítas. Algunos
padres de la iglesia que nos informan respecto a esta secta (Ireneo, Contra
herejías i. 26, 3; Hipólito, Refutación de todas las herejías vii. 24),
identifican a su fundador con Nicolás de Antioquía, uno de los siete diáconos
(Hech. 6: 5). No sabemos si esta tradición relativa a Nicolás el diácono es
correcta, pero la secta puede ser la misma mencionada por Juan. Los seguidores
de esta secta parecen haber enseñado, por lo menos en el siglo II, que las
obras de la carne no afectan la pureza del alma, y por consiguiente no tienen
que ver con la salvación.
El que tiene oído.
Es decir, preste atención a los
consejos que se han dado . Esta misma declaración acompaña la promesa para cada
una de las siete iglesias.
Oiga.
El verbo griego usado aquí
significa oír con comprensión . El oír la Palabra de Dios no tiene sentido si
la vida no es modelada a semejanza de lo que se ha oído .
Las iglesias.
La promesa dirigida
particularmente a la iglesia de Efeso es, en un sentido especial, para todas
"las iglesias" de los tiempos apostólicos representadas por esta
iglesia; pero aunque era particularmente apropiada para ella, se aplica también
a los creyentes de todas las edades .
Venciere.
La flexión del verbo en griego
implica que la persona "continúa venciendo". La victoria es un tema
que se repite en el Apocalipsis. Las promesas del Apocalipsis han sido
especialmente preciosas para los perseguidos hijos de Dios de todos los siglos.
Sin embargo el contexto (vers. 2-6) sugiere que esta victoria es en un sentido
especial el triunfo sobre los falsos apóstoles y maestros que habían estado
tentando a los creyentes a comer del árbol del conocimiento humano. ¡Cuán
apropiado es que la recompensa por la victoria sea el acceso al árbol de la
vida!
Árbol de la vida.
"Al comer del árbol de la
vida, Adán y Eva iban a tener la oportunidad de expresar su fe en Dios como el
sustentador de la vida, así como al guardar el sábado demostraban fe en su
Creador y lealtad a él. Con ese propósito, Dios había dotado al árbol con una
virtud sobrenatural. Su fruto era un antídoto para la muerte y sus hojas
servían para el sostén de la vida y la inmortalidad. Los hombres continuarían
viviendo mientras pudieran comer de él.
Uno de los árboles fue llamado el
árbol de "vida", literalmente "la vida", hajayyim. El hecho
de que esta palabra sea plural en su forma, se explica reconociéndola como un
plural de abstracción; el artículo definido indica que este árbol tenía algo
que hacer con "la" vida como tal. Es decir, que se obtendría o
preservaría la vida al consumir su fruto. Sin embargo, los otros árboles del
huerto, siendo buenos "para comer" también estaban destinados a
sustentar la vida. Si un árbol se distingue de los otros por el extraordinario
nombre de "árbol de vida", sus frutos deben haber tenido el propósito
de mantener la vida de una manera diferente de los otros árboles y con un valor
resaltante. La declaración de que comer del fruto de este árbol haría que el
hombre viviera "para siempre" (cap. 3: 22) muestra que su valor
difería enteramente del de los muchos otros árboles útiles del huerto.
El nombre del segundo árbol es
"el árbol de la ciencia del bien y del mal". El artículo
"la" antes de la palabra "ciencia" significa que el árbol
no podía proporcionar cualquier clase de conocimiento, sino sólo un cierto y
triste conocimiento del "mal" en contraste con el "bien".
Los nombres de estos árboles son
importantes. En ambos casos, la palabra "árbol" se relaciona con
términos abstractos: vida y ciencia. Esto no es una razón para declarar que
estos dos árboles no existieron, sino que les atribuye más bien derivaciones
espirituales. Aunque el "arca del pacto" era una pieza real del
mobiliario del templo, de todos modos recibía un nombre que tenía importancia
religiosa. La sangre del pacto derramada por el Salvador en favor de nosotros
también fue una sustancia muy real. De modo que los dos árboles deben ser
considerados como árboles verdaderos con propósitos importantes que cumplir; esos
propósitos físicos y morales estaban indicados claramente por sus nombres.
En medio.
Como en el jardín del Edén (Gén.
2: 9). La ubicación destaca la importancia del árbol en el plan de Dios para un
mundo perfecto.
Paraíso.
Gr. parádeisos, transliteración
de la palabra persa pairidaeza, "lugar cercado", "parque",
donde había árboles y donde con frecuencia se tenían animales para la caza.
Estaba cercado de muros y algunas veces había torres para los cazadores. La
palabra hebrea equivalente, pardes, tomada también del persa, se traduce como
"bosque" (Neh. 2:8) y "jardín" (Ecl. 2: 5). En la LXX, el
jardín del Edén es el "paraíso" del Edén y la palabra parádeisos
aparece comúnmente donde en español se emplea la palabra "huerto"
(Heb. gan). Ver Gén. 3: 1; Isa. 51: 3; Joel 2: 3; etc.
La palabra parádeisos aparece en
el NT sólo en Luc. 23: 43; 2 Cor. 12: 4; Apoc. 2: 7. En 2 Cor. 12: 2-4 la
palabra "paraíso" es evidentemente sinónimo de "cielo". Que
Pablo no se refiera a un paraíso terrenal es muy claro, porque para él son una
misma cosa ser arrebatado al "cielo" y ser arrebatado al
"paraíso". Según Apoc. 2: 7 el "árbol de la vida" aparece
"en medio del paraíso de Dios", mientras que en Apoc. 21: 1-3, 10;
22: 1-5 el árbol de la vida aparece junto con la tierra nueva, la nueva
Jerusalén, el río de la vida y el trono de Dios. No hay, pues, duda alguna de
que en el NT parádeisos es siempre sinónimo de "cielo". El huerto del
Edén era el "paraíso" en la tierra. Cuando el Edén sea restituido a este
mundo , la tierra llegará nuevamente a ser un "paraíso".