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Capitulo 2
El Rey
Sueña Acerca de los Imperios
Mundiales
VERS. 1: Y en el segundo año del
reinado de Nabucodonosor, soñó Nabucodonosor sueños, y perturbóse su
espíritu, y su sueño se huyó de él.
DANIEL fue llevado
cautivo el primer año de Nabucodonosor. Estuvo tres años bajo la tutela de sus instructores, y naturalmente
durante ese tiempo no fue contado entre los sabios del reino ni tomó
parte en los asuntos públicos. Sin embargo, en el segundo año de Nabucodonosor,
se produjeron las circunstancias narradas en este capítulo. ¿Cómo pudo, pues, ser llevado Daniel a interpretar el sueño del
rey el segundo año? La explicación estriba
en el hecho de que Nabucodonosor reinó conjuntamente con su padre Nabopolasar durante dos años. Los judíos situaban el principio
de su reinado al comienzo de esos dos años
mientras que los caldeos lo computaban desde el momento en que empezó a reinar solo a la muerte de su padre. De ahí que el año
mencionado aquí fuese el segundo año de su reinado según el cómputo caldeo yy el cuarto según el de los judíos 1] Parece, pues, que el año después que Daniel terminó su preparación para
participar en los asuntos del imperio caldeo, la providencia de Dios
hizo que su joven siervo se destacara en todo el reino en forma notable y
repentina.
VERS. 2: Y mandó el rey llamar magos,
astrólogos, y encantadores, y Caldeos, para que mostrasen al rey sus sueños.
Vinieron pues, y se presentaron delante del rey.
Los sabios del rey fracasan.--Los magos
practicaban la magia, o lo que se entiende por esta palabra tomada en su peor
sentido; es decir, que cumplían todos los
ritos supersticiosos y las ceremonias de los adivinadores, echadores de suertes y otra gente de esta laya. Los
astrólogos eran hombres que aseveraban predecir
los acontecimientos por el estudio de los astros. La ciencia o superstición de
la astrología era extensamente
cultivada por las antiguas naciones orientales. Los encantadores eran personas que pretendían comunicarse
con los muertos. Este es el sentido que
tiene la mayoría de las veces la palabra "encantador" en las
Escrituras. Los caldeos aquí mencionados
eran una secta de filósofos análogos a los magos y astrólogos, y se dedicaban al estudio de las ciencias naturales y las
adivinaciones. Todas estas sectas o profesiones abundaban en Babilonia. El fin
que perseguía cada una de ellas era el mismo: explicar los misterios y predecir los acontecimientos. La
diferencia principal que había entre ellas estribaba en los medios por los cuuales procuraban alcanzar su objeto. La
explicación que deseaba el rey
pertenecía por igual a la esfera de cada una de las profesiones; así que convocó
a todos sus miembros. Para el rey era un asunto importante. Estaba muy
perturbado, y por lo tanto dedicó toda la sabiduría de su reino a la
solución de su perplejidad.
VERS. 3, 4: Y el rey les dijo; He soñado un sueño y mi espíritu
se ha perturbado por saber el sueño.
Entonces hablaron los Caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vvive: di el sueño a tus siervos, y mostraremos
la declaración.
Cualesquiera
que sean las otras cosas en las cuales hayan sido eficientes los antiguos magos
y astrólogos, no hay duda de que dominaban
el arte de obtener suficiente información en que basar algunos hábiles cálculoos, o que les permitiese fraguar
respuestas ambiguas aplicables a
cualquier rumbo que tomasen los acontecimientos. En el caso que nos ocupa, fieles a sus astutos instintos, pidieron al rey
que les hiciese conocer el sueño. Una vez obtenida esta información, no habría de resultarles difícil concordar en
alguna interpretación que no hiciese
peligrar su reputación. Se dirigieron al rey en arameo dialecto caldeo
que usaban las clases educadas y cultas. Desde ese punto hasta el fin del
capítulo 7, el relato continúa en caldeo, la lengua hablada por el rey.
VERS. 5-13: Respondió
el rey y dijo a los Caldeos: El negocio se me fue: si
no me mostráis el sueño y su declaración, seréis hechos cuartos, y vuestras casas serán puestas por muladares. Y si mostrareis el sueño y
su declaración, recibiréis de mí dones y mercedes y grande honra: por tanto, mostradme el sueño y su declaración. Respondieron la segunda vez, y dijeron: Diga el rey el sueño a sus siervos, y mostraremos su declaración. El rey respondió, y dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que el negocio se me ha ido.
Si no me moostráis el sueño, una sola sentencia
será de vosotros. Ciertamente preparáis
respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que se muda
el tiempo: por tanto, decidme el sueño, para que yo entienda que me podéis
mostrar su declaración. Los Caldeos respondieron delante
del rey, y dijeron; No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: demás de esto, ningún rey, príncipe, ni señor, preguntó cosa semejante a ningún mago, ni astrólogo, ni Caldeo.
Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo pueda declarar delante del rey, salvo los dioses cuya morada no es con
la carne. Por esto el rey con ira y con grande enojo, mandó que matasen a
todos los sabios de Babilonia. Y publicóse el mandamiento, y los sabios eran llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a
sus compañeros para matarlos.
Estos versículos contienen el relato de la lucha desesperada entre los
magos y el rey. Los primeros buscaban una vía de escape, puesto que estaban
atrapados en su propio terreno. El rey estaba resuelto a que le hiciesen
conocer su sueño, lo cual no era más de lo que podía esperar de aquella
profesión. Algunos censuran severamente a
Nabucodonosor en este asunto, y le achacan el papel de un tirano cruel e
irracional. Pero ¿no aseveraban acaso esos magos que podían revelar las cosas ocultas, predecir los acontecimientos, dar a
conocer misterios que superaban completamente la previsión y la
penetración humanas, y hacerlo con ayuda de agentes
sobrenaturales?
No era, pues, injusto Nabucodonosor al exigir que le hiciesen conocer su sueño. Cuando declararon que nadie podía revelar el negocio del rey
sino los dioses cuya morada no era con la carne, confesaron tácitamente que no
tenían comunicación con esos dioses, ni tenían más
conocimiento que el que la sabiduría y el discernimiento humanos podían
impartir. "Por esto" sintió el rey "ira y grande enojo."
Vió que él y todo su pueblo eran víctimas de un constante engaño. Aunque no podemos justificar las medidas
extremas a las cuales recurrió al decretar su muerte y la destrucción de sus
casas, no podemos sino sentir cordial simpatía por él y la condena que pronunció sobre esa clase de miserables
impostores. El rey no podía tolerar la improbidad ni el engaño.
VERS. 14-18: Entonces Daniel habló avisada y
prudentemente a Arioch, capitán de los de la guarda del
rey, que había salido para matar los sabios
de Babilonia. Habló y dijo a Arioch capitán del rey: ¿Qué es la causa que este mandamiento se publica de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioch declaró el negocio a Daniel. Y Daniel
entró, y pidió al rey que le diese tiempo, y que él
mostraría al rey la declaración. Fuése luego Daniel
a su casa, y declaró el negocio a Ananías, Misael,
y Azarías, sus compañeros, para demandar misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, y que Daniel y sus compañeros
no pereciesen con los otros sabios de Babilonia.
Daniel acude en su auxilio.--En esta
narración vemos cómo la providencia de Dios obra en varios
detalles notables. Gracias a ella, dejó el sueño una impresión tan poderosa en
la mente del rey que lo sumió en la mayor ansiedad, y
sin embargo no lo pudo recordar. Esto permitió
que quedase completamente desenmascarado el falso sistema de los magos y otros maestros
paganos. Cuando se les exigió que diesen a conocer el sueño, no pudieron
hacerlo a pesar de que era algo que habían declarado perfectamente factible
para ellos.
Resulta notable que aparentemente Daniel y sus compañeros, que poco
antes habían sido reconocidos por el rey como diez veces
superiores a todos los magos y astrólogos, no fueron
consultados en este asunto. Pero ello fué providencial. Así como el rey olvidó
su sueño, se vió inexplicablemente impedido de
solicitar a Daniel la solución del misterio. Si hubiese pedido a Daniel desde
el principio que le hiciese conocer el asunto, los magos no habrían sido
probados. Pero Dios quería dar la primera oportunidad a los sistemas paganos de los caldeos. Quería dejarlos hacer una
tentativa, fracasar ignominiosamente en ella, y luego confesar su absoluta incompeetencia, aun bajo pena de muerte, a fin
de dejarlos mejor preparados para reconocer su intervención cuando él manifestase finalmente su poder en favor de sus
siervos cautivos, para honra de su nombre.
Parecería que Daniel obtuvo su primera información acerca del asunto
cuando llegaron los verdugos para arrestarle. Al
ver así amenazada su vida, se sintió inducido a rogar de todo corazón al
Señor que obrase para librar a sus siervos. Daniel obtuvo lo que pidió al rey,
a saber tiempo para considerar el asunto,
privilegio que probablemente ninguno de los magos podría haber obtenido, puesto que el rey ya los
había acusado de preparar una contestación engañosa y de procurar ganar tiemppo con este mismo fin. Daniel se
dirigió en seguida a sus tres
compañeros, y les pidió que se uniesen a él para impetrar la misericordia del
Dios del cielo acerca de este secreto. Podría haber orado solo, e
indudablemente habría sido oído. Pero la unión de los hijos de Dios tenía
entonces como ahora un poder prevaleciente. A dos o tres que se ponen de acuerdo para pedir algo es hecha la promesa de que
les será concedido lo que pidan. (Mateo 18:19, 20.)
VERS. 19-23: Entonces
el arcano fué revelado a Daniel en visión de noche; por
lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo. Y Daniel habló, y dijo: sea bendito el nombre de Dios de siglo hasta siglo: porque suya es la sabiduría
y la fortaleza: y él es el que muda los tiempos y las oportunidades: quita reyes, y ponne reyes: da la sabiduría a los sabios,
y la ciencia a los entendidos; él revela lo profundo y lo escondido: conoce lo que está en tinieblas, y la luz mora con él. A
tí, oh Dios de mis padres, confieso y
te alabo, que me diste sabiduría y fortaleza, y ahora me enseñaste lo que te pedimos; pues nos has
enseñado el negocio del rey.
No se nos dice si la respuesta llegó mientras Daniel y sus compañeros
elevaban todavía su petición o después, pero fué en
visión nocturna cuando Dios se reveló en su favor. Las palabras
"visión nocturna" significan cualquier cosa vista, sea en sueños o en
visión.
Daniel alabó
inmediatamente a Dios por la misericordia manifestada; y aunque su oración no se ha conservado, todas sus palabras de efusivo
agradecimiento han quedado registradas. La alabanza que elevemos hacia
Dios por las cosas que hizo por nosotros le honra tanto como las peticiones de
ayuda que le dirigimos. Sírvanos de ejemplo
al respecto la conducta de Daniel. No dejemos de tributar a Dios la
alabanza y el agradecimiento debidos por cualquier misericordia que recibamos
de su mano. Durante el ministerio de Cristo en la tierra, ¿no limpió él una vez
a diez leprosos, y uno solo volvió para
expresarle su agradecimiento? "¿Y los nueve dónde están?" preguntó
Cristo tristemente. (Lucas 17:17.)
Daniel tenía la
mayor confianza en lo que le había sido mostrado. No fué primero al rey para ver si lo que le había sido revelado era de
veras el sueño del rey, sino que alabó inmediatamente a Dios por haber
contestado su oración. Aunque el asunto fué
revelado a Daniel, éste no se atribuyó el honor como si la respuesta se hubiese
recibido gracias a sus oraciones solamente, sino que asoció inmediatamente a
sus compañeros consigo, y reconoció
que había venido tanto en contestación a las oraciones de ellos como a las suyas. Era, dijo, "lo que
te pedimos," y "nos has enseñado el negocio del rey."
VERS. 24: Después
de esto Daniel entró a Arioch, al cual el rey había puesto
para matar a los sabios de Babilonia; fué, y díjole asi: No mates
a los sabios de Babilonia: llévame delante del rey, que yo mostraré al
rey la declaración.
La primera súplica de Daniel fué en favor de los sabios de Babilonia.
No los mates-imploróó,--porque el secreto del rey ha sido
revelado. No había sido, en verdad, por mérito de
ellos ni de su sistema pagano de adivinación. Ellos eran tan dignos de la
condenación como anntes. Pero la confesión de su completa
impotencia en el asunto los había humillado lo
suficiente, y Daniel deseaba hacerlos participar en cierta medida de los
beneficios que obtenía, y salvarles la vida. Se salvaron porque había entre
ellos un hombre de Dios. Así sucede siempre. Por causa de
Pablo y Silas, quedaron vivos todos los prisioneros que estaban con ellos. (Hechos 16:26.) Por amor de Pablo, salvaron la vida
cuantos navegaban con él. (Hechos 27:24.) ¡Cuán a menudo se
benefician los impíos por la presencia de los justos! ¡Cuán apropiado
sería que reconociesen las obligaciones que eso les impone!
¿Quién salva al mundo hoy? ¿Por amor de quiénes se le permite subsistir todavía, si no es de los pocos
justos que quedan? Si éstos desapareciesen, ¿cuánto tiempo podrían los impíos
seguir su culpable carrera? Su plazo no sería más largo que el de los antediluvianos una vez que Noé hubo
entrado en el arca, o el de los sodomitas cuando Lot se hubo ausentado de ssu presencia contaminadora. De haberse
podido encontrar diez personas
justas en Sodoma, por causa de ellas se le habría perdonado la vida a la multitud de sus impíos habitantes. Sin embargo,
los impíos suelen despreciar, ridiculizar y oprimir a los mismos por cuya causa se les permite seguir disfrutando de
la vida y de todas sus bendiciones.
VERS. 25: Entonces Arioch llevó
prestamente a Daniel delante del rey, y díjole
así; Un varón de los trasportados de Judá he hallado, el cual declarará
al rey la interpretación.
Es característica constante de los ministros y cortesanos procurar el
favor de su soberano. De manera que Arioch se
presenta aquí como habiendo hallado a un hombre capaz de dar la deseada
interpretación, como si con gran dedicación a los intereses del rey hubiese
estado buscando alguien que pudiese resolver su dificultad,
y por fin lo había hallado. Para desenmascarar este engaño de su verdugo
principal, le bastaba al rey recordar, como sin duda las recordó, su entrevista coon Daniel y la promesa que había hecho
de mostrar la interpretación del sueno si se le concedía tiempo. (Vers.
16.)
VERS. 26-28: Respondió el rey, y dijo a
Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme
entender el sueño que vi, y su declaración? Daniel
respondió delante del rey, y dijo: El misterio que el rey demanda, ni
sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden enseñar al rey. Mas hay un Dios en los cielos, el cual revela los
misterios, y él ha hecho saber al rey
Nabucodonosor lo que ha de acontecer a cabo de días. Tu sueño, y las
visiones de tu cabeza sobre tu cama, es esto.
"¿Podrás tú hacerme entender el sueño que
vi?" fueron las palabras con que el rey saludó a Daniel cuando éste llegó a su pressencia. A pesar de que anteriormente
había conocido a este hebreo, el rey pareció dudar de la capacidad de un
hombre tan joven e inexperto para dilucidar
un asunto que había derrotado completamente a los ancianos y venerables magos y adivinadores.
Daniel declaró sencillamente que los sabios, los astrólogos, adivinadores y maggos no podían revelar este secreto.
Ello no estaba en su poder. Por lo
tanto, el rey no debía airarse con ellos ni confiar en sus vanas
supersticiones. El profeta habló
luego del Dios verdadero, que rige los cielos y es el único que revela los secretos. El es, dice Daniel, quien "ha hecho
saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer a cabo de días."
VERS. 29, 30: Tú,
oh rey, en tu cama subieron tus pensamientos por saber lo que
había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. Y a mí ha sido revelado
este misterio, no por sabiduría que
en mí haya más que en todos los vivientes, sino para que yo notifique al rey la
declaración, y que entendieses los pensamientos de tu corazón.
Aquí resalta otro rasgo loable del carácter de Nabucodonosor. En
contraste con otros príncipes, que llenan el
momento presente con insensateces y crápula, sin mirar al futuro, el rey reflexionaba en los días venideros y sentía el ansioso deseo de
saber qué acontecimientos los llenarían. Esto constituyó
parcialmente el motivo por el cual Dios le dio ese
sueño que debemos considerar como manifestación del favor divino hacia el rey. Sin embargo, Dios no quiso obrar por el rey independientemente de su
propio pueblo. Aunque dió el sueño al rey, envió la interpretación por uno de sus
siervos reconocidos.
En primer
lugar, Daniel rechazó todo mérito por la interpretación, y luego procuró modificar los sentimientos naturales de orgullo
que el rey pudiese albergar por haber sido distinguido así por el Dios
del cielo. Le hizo saber que, aunque el sueño le había sido dado a él, la interpretación era enviada no sólo para
él, sino también para beneficio de aquellos por medio de quienes debía ser dadda. Dios tenía algunos siervos allí, y
obraba para ellos. Tenían a sus ojos más valor que los reyes y magnates
más poderosos de la tierra.
¡Cuán abarcante fué la obra de Dios en este caso I Por esta revelación
del sueño del rey a Daniel, mostró al rey las cosas que deseaba saber, y salvó a sus siervos que confiaban
en él, recalcó ante la nación caldea el conocimiento de Aquel que sabe ell fin desde el principio, confundió los
sistemas falsos de los adivinadores
y magos, y ante los ojos de éstos honró su propio nombre y ensalzó a sus siervos.
Daniel relata el sueño.--Después de indicar
claramente al rey que el propósito del "Dios del cielo" al darle el sueño, había sido revelar "lo que ha de
acontecer a cabo de días," Daniel relató el sueño mismo.
VERS.
31-35: Tú, oh rey, veías, y que era muy grande, y cuya gloria de
ti, y su aspecto era terrible. oro; sus pechos
y sus metal; sus piernas de barro cocido. Estabas mano, la cual hirió a
he aquí una grande imagen. Esta imagen, era
muy sublime, estaba en pie delante La cabeza de esta imagen era de fino de parte de no con cocido,y los desmenuzó. Entonces fué también desmenuzado
el hierro, el barro cocido, el metal, la plata y el oro, y se tornaron como
tamo de las eras del verano: y
levantólos el viento, y nunca más se les halló lugar. Mas la piedra que hirió a
la imagen, fué hecha un gran monte, que hinchió toda la tierra. Nabucodonosor era idólatra, y adoraba los dioses de la religión
caldea. Una imagen era, por tanto, un objeto capaz de atraer en seguida su
atención y respeto. Por otra parte, los reinos terrenales
que esta imagen representaba, como lo veremos luego, eran objetos de estima y valor para él. Pero ¡cuán admirablemente se prestaba esta
representación para inculcar en la mente de Nabucodonosor una verdad importante
y necesaria! Además de delinear el progreso de los acontecimientos a través del
tiempo para beneficio de su pueblo, Dios quería mostrar a Nabucodonosor la inutilidad de la pompa y la
gloria terrenales. ¿Cómo podría haberlo logrado mejor que mediante esta imagen
cuya cabeza era de oro? Debajo de esta cabeza había un cuerpo compuesto
de metales inferiores cuyo valor iba disminuyendo hasta llegar al mínimo en los pies y sus dedos de hierro mezclado
con barro. El conjunto fué finalmente desmenuzado y reducido a la
condición del tamo de las eras.
Fué a la postre arrastrado por el viento donde no pudo ser hallado,
después de lo cual algo durable y de valor celestial ocupó su lugar. Con esto
Dios quiso mostrar a los hijos de los hombres
que los reinos terrenales desaparecerán, y la gloria de esta tierra se
desvanecerá como una brillante burbuja. En el lugar que durante tanto tiempo
usurparon estos imperios, se establecerá el
reino de los cielos, que no tendrá fin, y todos los que tienen interés en este reino reposarán para siempre jamás a la sombra de
sus alas apacibles. Pero nos hemos anticipado a nuestro estudio.
VERS. 36-38: Este
es el sueno: la declaración de él diremos también en presencia
del rey. Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, potencia, y fortaleza, y majestad. Y todo lo
que habitan hijos de hombres, bestias del campo, y
aves del cielo, él ha entregado en tu mano, y te ha
hecho enseñorear sobre todo ello; tú eres aquella cabeza de
oro.
Daniel interpreta el sueño.--Aquí se
inicia uno de los relatos más abarcantes de la historia de los imperios
mundiales. En ocho conos versículos la narración inspirada resume gran
parte de la
historia de este mundo con su pompa y poderío. Bastarían unos momentos para aprenderlos de memoria, y sin embargo el plazo que
recorren, desde hace más de veinticinco siglos, supera el nacimiento y
la caída de los reinos, va más allá del levantamiento
y la caída de los imperios, más allá de los ciclos y los siglos, más allá de nuestro
tiempo, y llega hasta el estado eterno. El relato es tan abarcante que
comprende todo esto, y sin embargo, resulta
tan minucioso que traza los grandes esbozos de los reinos terrenales
desde aquel tiempo hasta el nuestro. Nunca ideó la sabiduría humana anales tan breves que abarcaran tanto. Nunca presentó el
lenguaje humano en tan pocas palabras tan grande volumen de verdad
histórica. En ello está el dedo de Dios. Atendamos bien la lección.
¡Con qué interés y asombro debió escuchar el rey mientras el profeta
le explicaba que su reino era la cabeza de oro de
la magnífica imagen! Daniel hizo notar al rey que el Dios del cielo le había dado su reino y le había hecho gobernar sobre todos.
Esto tendía a desviarle del orgulloso pensamiento de que había alcanzado su situación por su propio poder y
sabiduría, y debía encauzar la gratitud de su corazón hacia el Dios
verdadero.
El reino de Babilonia, que se desarrolló finalmente en la nación
representada por la cabeza de oro en la gran imagen histórica, fué fundado por
Nimrod, bisnieto de Noé, más de dos mil años
antes de Cristo. "Y Cush engendró a Nimrod: éste comenzó a ser poderoso en
la tierra. Este fué vigoroso cazador
delante de Jehová; por lo cual se dice: así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová. Y fué la
cabecera de su reino Babel [Babilonia], y Erech, y Accad, y Calneh, en la tiierra de Shinar." (Génesis
10:8-10.) Parece que Nimrod fundó también la ciudad de Nínive, que más
tarde llegó a ser la capital de Asiria. (Véanse las notas marginales que con refeerencia a Génesis 10:11 contienen
algunas versiones de la Biblia.)
Cumplimiento del
sueño.--El imperio de Babilonia adquirió poder bajo el general
Nabopolasar, que llegó finalmente a ser su rey. Como
tal le sucedió su hijo Nabucodonosor cuando él murió en 604 ant.
de J.C. Como declara R. Campbell Thompson: "Los acontecimientos habían demostrado ya que Nabucodonosor era un comandante
vigoroso y brillante, y tanto tísica
como mentalmente, un hombre fuerte, muy digno de suceder a su padre. Había de ser el mayor hombre de su tiempo
en el Cercano Oriente, como soldado, estadista y arquitecto. Si sus sucesores
hubiesen sido de su temple en vez de muchachos inexpertos o aficionados sin
vigor que los redimiese, los persas habrían encontrado en Babilonia un problema más dificil. 'Todas las
naciones-dice en Jeremías 27:7 (V.M.),-le han de servir a él, y a su hijo, yy al hijo de su hijo, hasta que llegue
el tiempo de su tierra también.'" Jerusalén
fué tomada en el primer año de su reinado, y el tercer ano de Joacim, rey de
Judá (Daniel 1:1), en 606 ant. de J.C. Nabucodonosor reinó dos años en
conjunción con su padre, Nabopolasar.
De allí hacían arrancar su reinado los judíos mientras que los caldeos databan su
reinado desde que empezó a reinar solo, en
604 ant. de J.C., según se explicó antes. Con respecto a los sucesores de Nabucodonosor,
el autor ya citado añade: "Nabucodonosor
murió hacia agosto o septiembre de 562 ant. de J.C. y le sucedió su hijo Amel-Marduk (562-560 ant. de J.C.), a quien
Jeremías llama Evil-Merodach. Tuvo poco tiempo para demostrar su valer; y los dos años de su breve reinado
bastan para demostrar que las condiciones políticas eran nuevamente
hostiles a la casa real."
Los últimos gobernantes de Babilonia, príncipes carentes de poder, no
pudieron igualar el reinado de Nabucodonosor.
Ciro, rey de Persia, sitió a Babilonia y la tomó por estratagema. El carácter
del Imperio Babilónico queda indicado por la cabeza de oro. Era el reino de oro
de una edad de oro. Babilonia, su metrópoli, se
elevó a una altura nunca alzanzada por ninguna de sus sucesoras.
Situada en el jardín del Oriente, formaba un cuadrado perfecto, que tenía, se dice, 96 kilómetros de perímetro, o
sea 24 de cada lado; estaba rodeada por una muralla que tuvo, según se caalcula, de 60 a 90 metros de altura y
25 de ancho, con un foso en rededor,
que era de igual capacidad cúbica que la muralla misma; se hallaba dividida en cuadras por sus muchas calles, que se
cortaban en ángulo recto, siendo cada una de ellas derecha, bien nivelada y de una anchura de 45 metros; ocupaban
sus 576 kilómetros cuadrados de
superficie, exuberantes jardines y lugares de recreo, entrecortados por
magníficas moradas; de modo que esta ciudad, con sus 96 kilómetros de fosos,
sus 96 kilómetros de muralla exterior, sus 48 kilómetros de muralla que se
elevaban a ambos lados del río que pasaba por su centro, sus puertas de
bronce sólido, sus jardines suspendidos cuyas
terrazas se elevaban una sobre la otra hasta alcanzar la altura de las murallas
mismas, su templo de Belo que tenía
cinco kilómetros de perímetro, dos palacios reales, uno de los cuales tenía seis kilómetros de circunferencia y
el otro un poco más de doce, con los túneles subterráneos que, pasando
bajo el río Eufrates, unían los dos palacios, su perfecto ordenamiento para la conveniencia, el adorno y la defensa, y
sus recursos ilimitados, esta ciudad que encerraba en sí misma muchas cosas que
eran maravillas del mundo, era ella misma otra maravilla aun más prodigiosa.
Allí, teniendo a toda la tierra postrada a sus pies, como una reina de sin par
grandeza, que mereció de la pluma inspirada misma este brillante titulo: "hermosura de reinos y ornamento de la
grandeza de los Caldeos," se destacaba esta capital idónea de aquel
reino representado por la cabeza de oro en esa gran imagen histórica.
Tal era
Babilonia, mientras Nabucodonosor se encontraba en la flor de la vida, aucla7,
vigoroso, con muchas hazañas a su
crédito, sentado sobre su trono, cuando Daniel entró por sus puertas para servir como cautivo en sus
lujosos palacios durante setenta anos. Allí los hijos del Señor, oprimidos más quee alentados por la gloria y la
prosperidad de su tierra de cautiverio,
colgaban sus arpas en los sauces a orillas del Eufrates, y lloraban cuando recordaban
a Sion. Allí empezó el estado cautivo de la
iglesia en un sentido más amplio; porque desde aquel tiempo el pueblo de Dios ha estado sometido a
potencias terrenales, y oprimido por ellas en mayor o menor medida. Así continuuará siéndolo hasta que todas las
potencias terre??les cedan finalmente
su poder a Aquel cuyo es el derecho a reinar. Y he aquí que este día de liberación
se acerca rápidamente.
En otra ciudad, no sólo Daniel, sino todos los hijos de Dios, desde el
menor hasta el mayor, desde el más humilde hasta el
más encumbrado, van a entrar pronto. Es una ciudad que no tiene sólo 96 kilómetros de perímetro, sino 2.400; una ciudad cuyos
muros no son de ladrilloo y asfalto, sino de piedras preciosas
y jaspe; cuyas calles no son pavimentadas con piedras como las de Babilonia,
por hermosas y lisas que fuesen, sino con oro transparente; cuyo río no es el
Eufrates, sino el río de la vida; cuya música no está constituída por los suspiros y
lamentos de cautivos quebrantados, sino por los emocionantes cantos de victoria
sobre la muerte y el sepulcro que elevarán multitudes redimidas; cuya luz no es
la intermitente de la tierra, sino la incesante
e inefable gloria de Dios y del Cordero. A esta ciudad llegarán, no como
cautivos que entran en un país extraño, sino como desterrados que
vuelven a la casa de su padre; no como a un
lugar dónde afligirán su ánimo palabras como "esclavitud,"
"servidumbre" y "opresión," sino donde las dulces palabras
"hogar," "libertad," "paz," "pureza,"
"dicha inefable," y "vida eterna" deleitarán sus
almas para siempre jamás. Sí, nuestra boca se llenará
de risa, y nuestra lengua de canto, cuando el Señor vuelva la cautividad de
Sion. (Salmo 126:1, 2; Apocalipsis 21:1-27.)
VERS. 39: Y después de tí se levantará otro reino menor que tú; y otro tercer
reino de metal, el cual se enseñoreará de toda la tierra.
Nabucodonosor reinó 43 años, y le sucedieron los siguientes
gobernantes: su hijo, EvilMerodach, dos años; Neriglisar,
su yerno, cuatro años; Laborosoarchod, hijo de Neriglisar, nueve meses, lo cual, siendo menos de un año, no se cuenta en el canon
de Tolomeo; y finalmente, Nabonido, cuyo hijo Belsasar, nieto de Nabucodonosor, fué
asociado con él en el trono.
"La prueba de esta asociación se halla en los cilindros de
Nabo-nadio [Nabonido] que se encontraron en Mugheir, en los
cuales se pide la protección de los dioses para Nabu-nadid y su hijo
Bel-shar-uzur, cuyos nombres están acoplados en una manera que implica la cosoberanía del último. (British Museum Series,
tomo I, pl. 68, No. I.) La fecha en que Belsasar fué asociado a su padre no pudo ser ulterior a 540 ant. de
J.C., el décimoquinto año de
Nabonadio, puesto que el tercer año de Belsasar se menciona en Daniel 8:1. Si Belsasar
(como lo supongo) era hijo de una hija de Nabucodonosor que se casó con Nabonadio después que llegó a ser rey, no pudo
tener más de catorce años en el año décimoquinto de su padre."
La Caída de Babilonia.--En el
primer año de Neriglisar, sólo dos años después de la muerte de
Nabucodonosor, estalló entre los babilonios y los medos la guerra fatal que
resultó en la caída del Imperio Babilónico. Ciaxares, rey de los medos, que es
llamado "Darío" en Daniel 5:31,
llamó en su ayuda a su sobrino Ciro, del linaje persa. La guerra fué llevada
adelante con éxito ininterrumpido por los medos y los persas, hasta que el año
18 de Nabonido, (el tercer año de su
hijo Belsasar), Ciro sitió a Babilonia, la única ciudad de todo el
Oriente que entonces le resistía. Los babilonios se encerraron entre sus
murallas
inexpugnables, provistos de
abastecimientos para veinte años, y teniendo dentro de los limites de su amplia ciudad suficiente tierra para
proveer alimentos para los habitantes y la guarnición durante un período indeefinido. Se burlaban de Ciro desde sus
altas murallas, y ponían en ridículo
sus aparentemente inútiles esfuerzos para someterlos. Según todo cálculo humano, tenían buenos motivos para sentirse
seguros. De acuerdo con las probabilidades terrenales, nunca podría esa ciudad
ser tomada por los métodos de guerrear entonces conocidos. De ahí que
respirasen y durmiesen tan libremente como si no hubiese habido enemigo velando
en derredor de sus murallas sitiadas. Pero Dios había decretado que la orgullosa y perversa ciudad caería de su trono de
gloria. Y cuando él habla, ¿qué brazo mortal puede derrotar su palabra?
En su sentimiento de seguridad estribaba el peligro de los babilonios.
Ciro resolvió lograr por una estratagema lo que no podía efectuar por la
fuerza. Al saber que se acercaba una fiesta anual durante la cual
toda la ciudad se entregaría a las diversiones y las orgías, fijó ese día como
la fecha en que ejecutaría su propósito. No
tenía manera de entrar en esa ciudad a menos que la hallase donde el río Eufrates
entraba y salía por debajo de las
murallas. Resolvió hacer del cauce del río su camino para llegar a la fortaleza de su enemigo. Con este fin
el agua debía ser desviada de su lecho que cruzaba la ciudad. Para ello, la víspera del día de fiesta ya mencionado,
encargó a una parte de sus soldados que desviase el río a cierta hora a
un lago artificial situado a corta distancia aguas
arriba de la ciudad; Otra fuerza debía colocarse cerca de dónde el rio entraba
en la ciudad; y una tercera iba a ocupar una posición a 24 kilómetros
más abajo, donde el río salía de la ciudad.
Estos últimos dos cuerpos de ejército tenían órdenes de entrar en el
cauce tan pronto como el agua bajase lo suficiente como para vadear el río. En
las tinieblas de la noche habían de explorar su camino debajo de las murallas,
y avanzar hasta el palacio del rey donde debían sorprender y matar a sus
guardianes, y capturar o matar al rey.
Cuando el agua se desvió al lago, el río no tardó en bajar lo suficiente para
que se lo pudiese vadear, y los
soldados siguieron su cauce hasta el corazón de la ciudad de Babilonia.
Pero todo esto habría sido en vano, si toda la ciudad misma no se
hubiese entregado aquella noche fatídica a la negligencia, el abandono, y la
presunción, estado de cosas con el cual Ciro
contaba mayormente para la ejecución de su propósito. A cada lado del río a
través de la ciudad había murallas de gran altura, y de un espesor igual
al de los muros exteriores. En estas
murallas había enormes puertas de bronce, que, cuando estaban cerradas y custodiadas,
impedían la entrada desde el lecho del río a cualquiera de las calles que
cruzaban el río. Si las puertas hubiesen estado cerradas en ese momento, los
soldados de Ciro podrían haber penetrado en la ciudad por el cauce del río, y
por él haber salido de nuevo de ella, sin poder subyugar la plaza.
Pero en la borrachera y orgía de esa noche fatal, las puertas que
daban al río quedaron abiertas, según había sido
predicho por el profeta Isaías muchos años antes en estas palabras: "Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo
por su mano derecha, para sujetar gentes delante de él y desatar lomos de
reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas
no se cerrarán." (Isaías 45:1.) Nadie notó la entrada de los soldados
persas. Muchas mejillas habrían palidecido de terror, si se
hubiese notado el descenso repentino de las aguas
del río, y se hubiese comprendido el peligro que ello significaba. Muchas
lenguas habrían difundido la alarma por la ciudad, si se
hubiesen visto las sombras de los enemigos armados penetrando
furtivamente en la ciudadela que se creía segura. Pero nadie notó el repentino
descenso de las aguas del río; nadie vió la
entrada de los guerreros persas; nadie se cuidó de que las puertas que daban al
río quedasen cerradas y custodiadas;
nadie se preocupaba de otra cosa sino de ver cuán profunda y temerariamente podía sumirse en -la
desenfrenada crápula. Aquella noche de disipación
costó a los babilonios su reino y su libertad. Se hundieron en su
embrutece-dora borrachera súbditos del rey de Babilonia; se despertaron
esclavos del rey de Persia.
Los soldados de Ciro dieron a conocer su presencia en la ciudad
cayendo sobre la guardia real en el vestíbulo del palacio del rey. Belsasar no
tardó en comprender la causa del disturbio, y murió peleando. Este festín de
Belsasar está descrito en el capítulo quinto de Daniel, y el relato se
cierra con estas sencillas frases: "La misma noche fué muerto Belsasar,
rey de los Caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos
años."
El historiador
Prideaux dice: "Darío el medo, es decir, Ciaxares, el tío de Ciro, tomó el
reino; porque Ciro le concedió el título de todas sus conquistas mientras
vivió." Así el primer imperio, simbolizado por la cabeza de oro de la gran
imagen, acabó innoblemente. Habría de
suponerse naturalmente que el conquistador al dominar una ciudad tan noble como Babilonia, que superaba cuanto
hubiese en el mundo, la habría elegido como
sede de su imperio, y le habría conservado su esplendor. Pero Dios había dicho
que aquella ciudad llegaría a ser
escombros y habitación de las bestias del desierto; que sus casas se
llenarían de chacales; que las rieras de las islas rugirían en sus moradas
desoladas, y habría dragones en sus lujosos palacios. (Isaías 13:19-22.)
Primero debía quedar desierta. Ciro
estableció una segunda capital en Susa, célebre ciudad de la provincia de Elam,
al este de Babilonia, sobre las riberas del río Choaspes, una rama del
Tigris. Esto sucedió probablemente durante el primer año que reinó solo.Como el orgullo de los babilonios quedó
particularmente herido por este acto, en el año quinto de Darío Histaspes, o sea een 517 ant. de J.C., se rebelaron y atrajeron
contra sí nuevamente todas las fuerzas del imperio persa. Nuevamente fué tomada
la ciudad por estratagema. Darío sacó
las puertas de bronce, y rebajó las murallas de doscientos codos a cincuenta.
Esto fué el principio de su destrucción. Este acto la dejó expuesta a los
estragos de toda banda hostil. Jerjes, al
regresar de Grecia, despojó el templo de Belo de su inmensa riqueza, y
luego redujo a ruinas la grandiosa estructura. Alejandro Magno procuró reedificarla, pero después de emplear a diez mil
hombres durante dos meses para limpiar los
escombros, murió a consecuencia de sus excesivas borracheras y el trabajo quedó
suspendido. En el año 294 ant. de
J.C., Seleuco Nicátor edificó una nueva Babilonia en las proximidades de la ciudad vieja, y empleó gran
parte de los materiales y a muchos de los habitantes de la vieja ciudad paraa edificar y poblar la nueva. Al quedar
así casi exhausta de habitantes, la
negligencia y la decadencia se hicieron sentir espantosamente en la antigua capital. La violencia de los príncipes partos
apresuró su ruina. Hacia fines del cuarto siglo, fué usada por los reyes persas como recinto de fieras. Al final del
siglo XII, según un célebre viajero,
las pocas ruinas que quedaban del palacio de Nabucodonosor estaban tan llenas
de serpientes y reptiles venenosos que no podían ser inspeccionadas
detenidamente sin gran peligro. Y hoy apenas si quedan suficientes ruinas para
señalar el lugar dónde estuvo una vez la ciudad mayor, más rica y más orgullosa
del mundo antiguo. Así nos muestran las
ruinas de Babilonia cuán exactamente Dios cumple su palabra, y las dudas
del escepticismo resultan indicios de ceguera voluntaria.
"Y después de ti se levantará otro reino menor que tú." El
empleo de la palabra "reino" demuestra que las diferentes
partes de esta imagen representaban reinos y no reyes particulares. De ahí que cuando see dijo a Nabucodonosor: "Tú eres
aquella cabeza de oro," aunque se usó el pronombre personal, lo
designado era el reino y no el rey.
El reina
medo-persa.--E1 reino que sucedió a Babilonia,
a saber Medo-Persia, respondía a los pechos y los brazos
de plata de la gran imagen. Había de ser inferior al reino precedente. ¿En qué respecto? No en su poder, porque conquisto a
Babilonia. No en su extensión, porque Ciro subyugó todo el Oriente desde
el mar Egeo hasta el río Indo, y as! erigió un imperio más extenso. Pero fué
inferior en riquezas, lujos y magnificencia.
Desde el punto de vista bíblico, el acontecimiento principal que
sucedió durante el Imperio Babilónico fué el cautiverio de los hijos de Israel.
Bajo el reino medo-persa, fué la restauración
de Israel a su tierra. Después de tomar a Babilonia, Ciro, como un acto de cortesía, asignó el primer puesto en el reino a
su tío Darío, en 538 ant. de J.C. Pero dos años más tarde, murió Darío, dejando aa Ciro como único monarca del imperio.
Ese ano, que cerraba el cautiverio de
setenta años que había sufrido Israel, Ciro promulgó su famoso decreto
para el regreso de los judíos y la reedificación de su templo. Esta fué la
primera parte del gran decreto para la
restauración y reedificación de Jerusalén (Esdras 6:14), que se completó
en el año séptimo del reinado de Arta-jerjes, en 457 ant. de J.C., fecha que
tiene gran importancia, como se demostrará más tarde.
Después de reinar siete años, Ciro dejó el reino a su hijo Cambises,
que reinó siete años y cinco meses, hasta 522 ant. de
J.C. Diez monarcas reinaron entre esta fecha y el año 336 ant. de J.C. El año 335 ant. de J.C. es el que la historia señala como
el primero de Darío Codomano, el último de los antiguos reyes persas.
Este hombre, según Prideaux, era de noble
estatura, de buena presencia, y del mayor valor personal, como también de una
disposición benigna y generosa. Tuvo
la mala fortuna de tener que i contender con un hombre que actuaba en
cumplimiento de la profecía, y no había cualidades naturales o adquiridas que
pudiesen darle éxito en esta desigual contienda. Apenas instalado en el trono,
se encontró frente a su enemigo formidable, Alejandro, quien a la cabeza de los
soldados griegos se preparaba para derribarle.
Dejaremos a las historias especialmente dedicadas a tales asuntos el estudio de la causa y los detalles de
la contienda entre los griegos y los persas. Baste decir que el punto
decisivo se alcanzó en 331 ant. de J.C. sobre el campo de Arbelas, donde los griegos, a pesar de tener que pelear
con los persas en la proporción de uno contra veinte, ganaron una victoria decisiva. Alejandro llegó a ser señor
absoluto del Imperio Persa en una extensión nunca alcanzada por ninguno
de sus propios reyes. El Imperio
Griego.--"Y otro tercer
reino de metal, [bronce] el cual se enseñoreará de toda la tierra,"
había dicho el profeta. Pocas y breves eran las palabras inspiradas cuyo cumplimiento entrañaba una sucesión en el gobierno
del mundo. En el siempre variable calidoscopio político, Grecia entró en el
campo de la visión para ser durante un tiempo el objeto que absorbía toda la
atención, como el tercero de los que se llaman los imperios universales.
Después de la
batalla que decidió la suerte del imperio, Darío procuró refundir los
derrotados restos de su ejército, y defender su reino y sus derechos. Pero de
toda su hueste, que poco antes era tan
numerosa y bien organizada, no pudo reunir una fuerza con la cual considerase prudente arriesgar otro encuentro con
los griegos victoriosos. Alejandro le persiguió
en las alas del viento. Vez tras vez Darío eludió a duras penas el alcance de
su veloz perseguidor. Al fin tres
traidores, Beso, Nabarzanes y Barsaentes, se apoderaron del desgraciado príncipe, lo encerraron en un carro, y
huyeron con él como prisionero hacia Bactra.
Su propósito era comprar su propia seguridad con la entrega de su rey si
Alejandro los perseguía. Este, al
conocer la peligrosa situación de Darío en mano de los traidores, se puso
inmediatamente a la cabeza de la parte más ligera de su ejército para
perseguirlos a marcha forzada. Después de apresurarse varios días,
alcanzó a los traidores. Estos instaron a
Darío a montar a caballo para huir más rápidamente. Cuando se negó a hacerlo,
le infligieron varias heridas mortales
y lo dejaron moribundo en el carro, mientras subían a sus corceles y
huían. Cuando llegó Alejandro, sólo pudo
contemplar el cuerpo inerte del rey persa, que pocos meses antes se
sentaba sobre el trono del imperio
universal. El desastre, la caída y la deserción habían sobrecogido repentinamente a Darío. Su reino había sido
conquistado, sus tesoros tomados, y su familia reducida al cautiverio. Ahora,
brutalmente muerto por manos traidoras, yacía su cadáver ensangrentado en un tosco carro. La vista del
espectáculo melancólico arrancó lágrimas de los ojos de Alejandro mismo, a pessar de que se había familiarizado con
todas las horribles vicisitudes y
escenas sangrientas de la guerra. Arrojando su manto sobre el cuerpo, ordenó que
lo llevasen a las señoras de la familia real persa cautivas en Susa, y proveyó
de su propio peculio los recursos necesarios para un regio funeral.
Cuando murió
Darío, Alejandro vió el campo despejado de su último rival formidable. De ahí en adelante podía emplear su tiempo como
mejor quisiera, a veces disfrutando del descanso y el placer y otras veces prosiguiendo algunas conquistas
menores. Emprendió una pomposa campaña contra la India, porque, según la
fábula griega, Baco y Hércules, dos hijos de Júpiter, cuyo hijo aseveraba ser
él también, habían hecho lo mismo. Con despreciable
arrogancia, reclamó para sí honores divinos. Sin provocación alguna, entregó ciudades conquistadas a la merced de su soldadesca
sedienta de sangre y licenciosa. Con frecuencia
asesinaba a sus amigos y favoritos en el frenesí de sus borracheras. Estimulaba
de tal manera los excesos de la
bebida entre sus adeptos que en una ocasión veinte de ellos murieron como resultado de la embriaguez. Al fin,
después de haber estado sentado durante largo tiempo bebiendo, se le invitó
inmediatamente a otra orgía, en la cual después de beber en honor de
cada uno de los veinte huéspedes presentes, nos dice la historia que, por
increíble que parezca, bebió dos veces el contenido de la copa de Hércules, que
era más de cinco litros. Se apoderó de él una
fiebre violenta, de la cual murió once días más tarde, el 13 de junio de
323 ant. de J. C-, mientras estaba, puede decirse, en el umbral de la madurez,
a los 32 años de edad.
VERS. 40: Y el reino cuarto será fuerte como hierro; y como el
hierro desmenuza y doma todas las cosas, y
como el hierro que quebranta todas estas cosas, desmenuzará y
quebrantará.
La férrea
monarquía de Ruma.--Hasta aquí existe acuerdo general entre los expositores de la Escritura con referencia a la aplicación de
esta profecía. Todos reconocen que Babilonia, Medo-Persia y Grecia están
representadas respectivamente por la cabeza de oro, los pechos y los brazos de plata, y el vientre de metal. Pero,
sin que haya más base para tener opiniones
diversas, existe, sin embargo, una diferencia de interpretación en cuanto al
reino simbolizado por la cuarta
división de la gran imagen: las piernas de hierro. ¿Qué reino sucedió a Grecia en el dominio del mundo, puesto
que las piernas de hierro denotan el cuarto
reino de la serie? El testimonio de la historia es amplio y explícito al
respecto. Un reino cumplió esto, y uno solo, a saber Roma. Venció a Grecia;
subyugó todas las cosas; como el hierro, desmenuzó y quebrantó todo lo
que se le oponía.
Dice el obispo Newton: "Los cuatro metales diferentes deben
significar cuatro naciones diferentes; y como el oro
representaba a los babilonios, la plata, a los persas, y el bronce a los macedonios, el hierro no puede significar nuevamente a los
macedonios, sino que debe necesariamente representar a
alguna otra nación; y nos atrevemos a decir que no hay en la tierra nación a
la cual esta descripción se aplique sino a los romanos."1-71
Gibbon, siguiendo las imágenes simbólicas de Daniel, describe así este
imperio: "Las armas de la República, a
veces vencidas en la batalla, siempre victoriosas en la guerra, avanzaron a pasos rápidos hasta el Eufrates, el
Danubio, el Rin y el Océano; y las imágenes del oro, la plata o el bronce, quue podían servir para representar las
naciones y sus reyes, fueron sucesivamente quebrantadas por la férrea
monarquía de Roma."1-81
Cuando se inició la Era Cristiana, este imperio abarcaba todo el sur
de Europa, Francia, Inglaterra, la mayor parte de los Países Bajos,
Suiza y el sur de Alemania, Hungría, Turquía y Grecia, sin hablar de sus posesionnes del Asia y del África. Bien puede
decir por lo tanto Gibbon: "El imperio de los romanos llenó el
mundo, y cuando ese imperio cayó en las manos de una sola persona, el mundo se transforrmó en una cárcel segura y lóbrega para
sus enemigos. . . . Resistir era fatal, y era imposible huir."Es de notar que al principio el reino es declarado
sin reserva tan fuerte como el hierro. Este fué el período de su fortaleza, duurante el cual se lo ha comparado a un
poderoso coloso que cabalgaba sobre las naciones, lo vencía todo y daba leyes
al mundo. Pero esto no había de continuar.
VERS. 41, 42: Y lo que viste de los pies y
los dedos, en parte de barro cocido de alfarero, y en parte
de hierro, el reino será dividido; mas habrá en él algo de fortaleza de hierro,
según que viste el hierro mezclado con el tiesto de
barro. Y por ser los dedos de los pies en parte de
hierro, y en parte de barro cocido, en parte será el reino fuerte, y en
parte será frágil.
Roma dividida.--La debilidad simbolizada
por la arcilla afectaba tanto a los pies como a los dedos.
Roma, antes de su división en diez reinos, perdió ese vigor de hierro que
poseía en grado suuperlativo durante los primeros siglos
de su carrera. El lujo, el afeminamiento y la degeneración que destruyen las
naciones tanto como los individuos, empezaron a corroer y debilitar sus
nervios de hierro, y así prepararon su desintegración en diez reinos.
Las piernas de hierro de la imagen terminaban en los pies y en los
dedos de los pies. A éstos, que eran por supuesto
diez, llama nuestra atención la mención explícita que se hace de ellos en la profecía. El reino representado por esa parte de la imagen
a la cual perteneecían los pies, fué dividido finalmente
en diez partes. Surge naturalmente la pregunta: ¿Representan
los diez dedos de la imagen las diez divisiones finales del Imperio Romano? Contestamos que
sí. La imagen de Daniel 2 tiene su paralelo exacto en las cuatro bestias de la
visión de Daniel 7. La cuarta bestia representa el mismo reino que las piernas
de hierro de la imagen. Los diez cuernos de la bestia corresponden naturalmente a los diiez dedos de los pies de la imagen. Se
declara lisa y llanamente que estos cuernos son diez reyes que habían de
levantarse. Son reinos independientes como
lo son las bestias mismas, porque se habla de las bestias precisamente en
el mismo lenguaje, como de "cuatro reyes, que se levantarán." (Daniel
7:17.) No representan una dinastía de reyes sucesivos, sino reyes o reinos que
existieron contemporáneamente, pues tres de
ellos fueron arrancados por el cuerno pequeño. Sin controversia posible, los
diez cuernos representan los diez reinos en los cuales Roma fué dividida.
Hemos visto que, en la interpretación que Daniel da de la imagen,
emplea las palabras "rey" y "reino" en forma intercambiable.
La primera expresión significa lo mismo que la última. En el versículo 44 dice que "t;en los días de estos reyes, levantará
el Dios del cielo un reino." Esto
demuestra que en el momento en que se establezca el reino de Dios, habrá
pluralidad de reyes. No puede
referirse a los cuatro reinos anteriores; porque sería absurdo usar este lenguaje con referencia a una dinastía de reyes
sucesivos, puesto que solamente en los días del último rey, y no en los días de cualquiera que lo hubiese
precedido, se establecería el reino de Dios.
Los diez reinos.--Aquí se presenta
pues una división; y ¿qué nos lo indica en el símbolo? Nada menos que los dedos de los piies de la imagen. A menos que éste sea
su significado, estamos completamente
a obscuras en cuanto a la naturaleza y la extensión de la división que la profecía revela. Suponer esto sería dudar
seriamente de la profecía misma. Nos vemos pues obligados a concluir que
los diez dedos de los pies de la imagen representan las diez partes en las
cuales fué dividido el Imperio Romano.
Esta división se realizó entre los años 351 y 476 de nuestra era. Esta
época de disolución abarcó pues 125 años, desde
mediados del siglo IV hasta el último cuarto del V. Ningún historiador que conozcamos fija el comienzo del desmembramiento del
Imperio Romano antes dde 351 de la era cristiana, y hay
acuerdo general en cuanto a designar el año 476 como el final del proceso.
Acerca de las fechas intermediarias, es decir el momento preciso en que se
estableció cada uno de los diez reinos que
se levantaron sobre las ruinas del Imperio Romano, hay cierta diferencia de opinión entre los historiadores. Esto no parece
extraño, cuando consideramos que fué una
era de gran confusión y el mapa del Imperio Romano sufrió durante ese tiempo
muchos cambios repentinos y violentos, mientras que las trayectorias de
naciones hostiles que
cargaban contra su territorio se cruzaban y recruzaban en un laberinto
confuso. Pero todos los historiadores concuerdan en
esto, que del territorio de la Roma Occidental, surgieron finalmente diez
reinos separados, y podemos decir de su conjunto que se estableció entre las
fechas ya dadas, a saber 351 y 476 de nuestra era. Las diez naciones que más contribuyeron a desmenuzar el Imperio Romano, y
que en alguna época de su historia
ocuparon respectivamente porciones del territorio romano como reinos separados e independientes, pueden
enumerarse (sin tener en cuenta la fecha de su establecimiento) como sigue: los hhunos, los ostrogodos, los visigodos,
los francos, los vándalos, los
suevos, los burgundios, los hérulos, los anglo-sajones y los lombardos. La
relación que hay entre estos pueblos y algunas de las naciones modernas de
Europa puede rastrearse todavía en los nombres, como Inglaterra,
Borgoña, Lombardía, Francia, etc.
Pero puede ser que alguien pregunte: ¿Por qué no suponer que las dos
piernas denotan una división tanto como los dedos
de los pies? ¿No es tan ilógico decir que los dedos denotan una división y
no las piernas, como decir que las piernas denotan división, y los dedos de los
pies, no? Contestamos que la profecía misma debe regir nuestras conclusiones al
respecto; porque si bien no dice nada de
una división en relación con las piernas, introduce el tema de la división cuando llegamos a los pies
y los dedos de ellos. La interpretación dice: "Y lo que viste de
los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero, y en parte de
hierro, el reino será dividido." Ninguna división podía producirse, o por lo menos no se nos menciona ninguna,
hasta que se introduce el elemento debilitante
que es la arcilla; y no lo encontramos antes de llegar a los pies y sus dedos.
Pero no hemos de entender que la arcilla denote una división y el hierro
otra; porque después que se quebrantó la
unidad del reino que existía desde hacia tanto tiempo, ninguno de los
fragmentos fué tan fuerte como el hierro original, sino que todos quedaron manifiestamente
en el estado de debilidad denotado por la mezcla de hierro y arcilla.
Por lo tanto, es inevitable concluir que el profeta presentó aquí la
causa del efecto. La introducción de la debilidad
del elemento arcilla, cuando llegamos a los pies, resultó en la división del reino en diez partes, representada por los diez dedos; y
este resultado o división, queda indicado por la repentina mención de una pluralidad de
reyes contemporáneos. Por lo tanto, mientras
que no encontramos pruebas de que las piernas signifiquen división, sino más bieen objeciones graves contra esta
opinión, hallamos buenos motivos para suponer que los dedos de los pies
denotan división, como se sostiene aquí. Además,
cada una de las cuatro monarquías tenía su territorio particular, que era el de
su reino propiamente dicho, y allí
hemos de buscar los acontecimientos principales de su historia que anunciaba el
símbolo. No hemos de buscar, pues, la división del Imperio Romano en el
territorio antes ocupado por Babilonia, Persia o Grecia, sino en el territorio
del reino romano, que se conoció finalmente como el Imperio Occidental. Roma
conquistó el mundo, pero el reino de Roma propiamente dicho se encontraba al
oeste de Grecia. Este reino es el que está representado por las piernas de
hierro. Por lo tanto es allí dónde buscamos
a los diez reinos, y allí los encontramos. No estamos obligados a mutilar ni deformar el símbolo para que represente con
exactitud los acontecimientos históricos.
VERS. 43: Cuanto
a aquello que viste, el hierro mezclado con tiesto de barro, mezclaránse con simiente humana, mas no se pegarán el uno con
el otro, como el hierro no se mistura con el tiesto.
Roma es el ultimo imperio universal.--Con Roma
cayó el último de los imperios universales.
Hasta entonces había sido posible que una nación, después de alcanzar
superioridad sobre sus vecinos por sus proezas y su ciencia de la guerra, consolidase sus conquistas en un vasto
imperio. Pero cuando cayó Roma; estas posibilidades
desaparecieron para siempre. El hierro quedó mezclado con la arcilla, y perdió
su fuerza de cohesión. Ningún hombre ni combinación de hombres pudo volver a consolidar los fragmentos. Este punto ha sido tan
bien recalcado por otro escritor que citaremos sus palabras:
"De éste, su estado dividido, desapareció la primera fuerza del
imperio, pero no como había sucedido a los demás. Ningún otro reino había de
sucederle como habían sucedido a los tres que
fueron antes de él. Había de continuar, en esta división de diez reinos, hasta
que el reino de la piedra lo hiriese
en los pies para desmenuzarlos y esparcir los trozos como el viento esparce el
tamo de las eras del verano. Sin embargo, durante todo este tiempo, había de subsistir una porción de su fortaleza. El
profeta dice: 'Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro, y en parte de barro cocido, en
parte será el reino fuerte, y en parte será frágil.' Vers. 42. . . . Vez tras vez los hombres soñaron con edificar
sobre estos dominios un poderoso reino. Carlomagno lo probó, como
después de él lo probaron Carlos V, Luis XIV, y
Napoleón. Pero ninguno tuvo éxito. Un solo versículo de la profecía era más
poderoso que todas sus huestes. . . .
'En parte será fuerte, y en parte será frágil,' decía
la descripción profética. Y tal ha
sido también el hecho histórico que los concierne. . . . Diez reinos salieron de él; fueron débiles, y continúan
todavía siendo débiles. . . . Es en parte fuerte, es decir conserva aún, en su
estado quebrantado, bastante de la fuerza del hierro para resistir todas las tentativas de fusionar sus partes. 'Esto
no sucederá,' dice la Palabra de Dios. 'Esto no ha sucedido,' contesta
el libro de la historia.
"Pero, tal vez digan los
hombres: 'Queda todavía otro plan. Si la fuerza no puede triunfar, la diplomacia y las razones de Estado pueden tener éxito. Vamos a
probarlo.' Pero la profecía prevé esto cuando dice: 'Mezclaránse con simiente
humana.' Es decir, formalizarán matrimonios con la esperanza de consolidar así
su poder y al fin unir estos reinos divididos en uno solo.
"¿Y tendrá éxito este plan? No. El profeta contesta: 'Mas no se
pegarán el uno con el otro, como el hierro no se mistura
con el tiesto.' Y la historia de Europa no es sino un comentario del exacto cumplimiento de estas palabras. Desde el tiempo de Canuto
hasta el momento actual, ha sido la política de los monarcas
reinantes, la senda trillada que recorrieron para alcanzar un cetro más
poderoso y un dominio más amplio. . . . Napoleón . . . procuró obtener por alianza lo que no pudo obtener por laa
fuerza, a saber edificar un poderoso imperio consolidado. Y ¿tuvo éxito? No. La
misma potencia con la cual se había aliado, produjo su destrucción, en las troopas de Blucher, sobre el campo de
Waterloo. El hierro no quería mezclarse con la arcilla."
Pero Napoleón no fué el último en probar el experimento. Numerosas
guerras europeas siguieron a los esfuerzos del Pequeño Cabo. Para evitar
conflictos futuros, gobernantes benévolos recurrieron al
expediente de los matrimonios para asegurar la paz, hasta que al principio del siglo XX todo ocupante de un trono hereditario de cierta
importancia en Europa estaba emparentado con la familia real británica. La
primera guerra mundial demostró la futilidad de estas tentativas.
De los horrores de esa lucha titánica nació un ideal expresado por el
presidente Woodrow Wilson, quien exclamó:
"¡El mundo ha quedado seguro para la democracia!" Con la convicción de que se había peleado una guerra que acabaría con las
guerras, se anunciaron los derechos inherentes de las
minorías y los principios de la autodeterminación, asegurados por una liga
mundial de naciones que sabría refrenar a los dictadores y castigar a los
agresores. Sin embargo, a la misma sombra
del palacio de la Liga de las Naciones se levantaron caudillos que iban a destruir la paz del mundo y
el ideal de una unión mundial, mientras predicaban una nueva revolución
social. En vano prometieron el triunfo de la cultura
y una unión basada en la superioridad racial que aseguraba "mil años de tranquilidad" a las naciones de una Europa
"en parte . . . fuerte, y en parte . . . frágil."
En medio de la confusión, el naufragio de las
naciones, la destrucción de las instituciones, el sacrificio de los tesoros resultantes de siglos de frugalidad, a
través de ojos empañados por el pesar
que le ocasionan la pérdida de la flor de su juventud, el envilecimiento de sus
mujeres, la matanza de sus niños y
ancianos, a través de las nubes que se levantan sobre la sangre humana humeante, un mundo angustioso busca
ansiosamente indicios de que podrá sobrevivir. ¿Volverá el huidizo espejismo de
la paz mundial basada en la confianza de una solidaridad europea, resultado dee los buenos deseos irracionales, a
inducir a los hombres a olvidar la declaración de la Palabra de Dios:
"Mas no se pegarán el uno con el otro"?
Pueden realizarse alianzas, y puede parecer que el hierro y el barro
de los pies y de los dedos de la gran imagen se van a fusionar finalmente, pero
Dios dijo: "No se pegarán." Puede parecer que han desaparecido las
viejas animosidades y que los "diez reyes" han seguido el camino de toda la tierra, pero, "la Escritura no puede
ser quebrantada." (Juan 10:35.)
Concluiremos
con unas palabras de Guillermo Newton: "Y sin embargo, si, como resultado de estas alianzas o de otras causas, este número queda a veces
cambiado, ello no necesita sorprendernos. Es en verdad precisamente lo que la
profecía parece exigir. El hierro no se mezclaba
con el tiesto. Por un tiempo parecía imposible distinguir entre ellos en la
imagen. Pero no iban a permanecer así. No se pegarán.' Por
un lado, la naturaleza de estas substancias les prohibe
mixturarse; y lo mismo hace por el otro la palabra de la profecía. Sin embargo, se iba a hacer la tentativa de mezclarlos; hasta hubo una
apariencia de mezcla en ambos casos. Pero abortó. ¡Y
con cuán señalado énfasis afirma la historia esta declaración de la Palabra de
Dios!"
VERS.
44, 45: Y en los días de estos reyes,
levantara el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado
a otro pueblo este reino; el cual
desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre. De laa manera que viste que del monte fué cortada una piedra, no con manos, la cual
desmenuzó al hierro, al metal, al
tiesto, a la plata, y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha
de acontecer en lo por venir: y el sueño es verdadero, y fiel su declaración.
El Dios del cielo establecerá un reino.--Aquí llegamos al punto culminante de esta profecía estupenda. Cuando el
tiempo, en su avance, nos lleve a la escena sublime aquí predicha, habremos
llegado al fin de la historia humana. ¡El reino de Dios! Grandiosa provisión
para una dispensación nueva y gloriosa, en la cual su
pueblo hallará el feliz término de la triste y mudable
carrera de este mundo degradado. ¡Cuán gozosa transformación para todos los justos, de la
lobreguez a la gloria, de la guerra a la paz, de un mundo pecaminoso a otro santo, de la muerte a la vida, de la tiranía y
opresión al estado feliz de libertad y los bienaventurados privilegios de un
reino celestial! ¡Gloriosa transición, de la debilidad a la fortaleza,
de lo mutable y decadente a lo inmutable y eterno! Pero, ¿cuándo se ha de establecer este reino? ¿Puede recibir respuesta una
pregunta de tanta importancia para nuestra familia humana? Estas son
interrogaciones acerca de las cuales la Palabra de Dios no nos deja en la ignorancia, y en su contestación se ve
el valor insuperable de este don celestial.
La Biblia afirma claramente que el reino de Dios era todavía futuro en
ocasión de la última Pascua de nuestro Señor. (Mateo 26:29.) Cristo no
estableció el reino antes de su ascensión. (Hechos
1:6.) Declara, además, que ni la carne ni la sangre pueden heredar al reino de
Dios. (1 Corintios 15:50.) Es motivo de una promesa hecha
a los apóstoles y a todos los que aman a Dios. (Santiago
2:5.) Ha sido prometido al rebaño pequeño para un tiempo futuro. (Lucas 12:32.) Por muchas tribulaciones han de entrar los santos en el
reino venidero. (Hechos 14:22.) Se ha de establecer cuando
Cristo juzgue a los vivos y a los muertos. (2 Timoteo
4:1.) Ello sucederá cuando venga en su gloria con todos sus santos ángeles. (Mateo
25:31-34.) No decimos que ha sido revelado el
momento exacto (recalcamos que no lo ha sido) en esta profecía de Daniel 2 o en cualquier otra profecía;
pero iban a presentarse tantos indicios de su proximidad, que la
generación destinada a ver el establecimiento de este reino podría saber infaliblemente cuándo se acercase y hacer
los preparativos que habilitan a los hijos de Dios para que participen
de toda su gloria.
El tiempo ha
desarrollado por completo esta gran imagen en todas sus partes. Representa con la mayor exactitud los acontecimientos políticos
importantes que estaba destinada a simbolizar.
Ha estado completa durante más de catorce siglos. Aguarda que la hiera en los pies la piedra cortada de la montaña sin
intervención de mano alguna, es decir el reino de Cristo. Esto se cumplirá cuando el Señor se revele
en llama de fuego, "para dar el pago a los que no conocieron a Dios, ni oobedecen al evangelio de nuestro Señor
Jesucristo." (2 Tesalonicenses
1:8. Véase también Salmo 2:8, 9.) En los días de estos reyes el Dios del cielo establecerá un reino. Hemos estado en los
días de estos reyes durante muchos siglos, y estamos todavía en esos días. En cuanto se refiere a las profecías, el
próximo acontecimiento es el
establecimiento del reino eterno de Dios. Otras profecías y señales innumerables
demuestran inequívocamente que la venida de Cristo se acerca.
La iglesia cristiana primitiva interpretaba las profecías de Daniel 2,
7 y 8 como nosotros ahora. Hipólito, que vivió entre 160 a 236 de
nuestra era, y fué, se cree, discípulo de Irenco, uno de los cuatro teólogos
mayores de su época, dice en su exposición de Daniel 2 y Daniel 7: "La cabeza de oro de la imagen y la leona
denotaban a los babilonios; los hombros y los brazos de plata, y el oso
representaban a los persas y los medos; el vientre y los muslos de metal, y el leopardo significaban los griegos, que
ejercieron la soberanía desde el tiempo de Alejandro; las piernas de hierro y la bestia espantosa y terrible,
expresaban a los romanos, que conservan la soberanía actualmente; los dedos de
los pies que eran en parte de arcilla y en parte de hierro, y los diez
cuernos, eran emblemas de los reinos que
todavía se han de levantar; el otro cuerno pequeño que crece entre ellos significaba el Anticristo en su medio; la piedra
que hiere la tierra y trae juicio al mundo era Cristo."
"Háblame, oh bienaventurado Daniel. Dame, te lo ruego, plena
seguridad. Tú profetizas acerca de la leona en Babilonia; porque fuiste cautivo
allí. Tú has revelado el futuro acerca del oso, porque estabas todavía
en el mundo, y viste acontecer las cosas. Luego me hablas del leopardo; ¿de dónde puedes saber esto, en
vista de que ya pasaste a tu descanso? ¿Quién te instruyó para anunciar estas ccosas, sino el que te formó en el seno
de tu madre? Es Dios, dices. Has
hablado con verdad, y no falsamente. El leopardo se ha levantado; ha venido el macho cabrío; ha herido al carnero; ha
quebrantado sus cuernos; lo ha hollado bajo los pies. Se ha exaltado por su caída; los cuatro cuernos
han salido debajo del primero. Regocíjate, bienaventurado Daniel; no has
estado en el error: todas estas cosas han acontecido.
"Después
de esto me has hablado también de la bestia espantosa y terrible. 'La cual
tenía dientes de hierro, y sus uñas de metal, que devoraba
y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies.' Ya reina
el hierro; ya lo subyuga y desmenuza todo; ya pone en sujeción a los rebeldes; ya vemos estas cosas nosotros mismos. Ahora glorificamos a
Dios, siendo instruidos por ti."
La parte de la profecía que se había cumplido en aquel tiempo era
clara para los cristianos primitivos. Veían también que
iban a surgir diez reinos del Imperio Romano, y que el Anticristo aparecería
entre ellos. Aguardaban con esperanza la gran consumación, el momento en que la segunda venida de Cristo acabaría con todos los
reinos terrenales, y se establecería el reino de justicia.¡El reino
venidero! Tal debiera ser el tema que absorbiese toda conversación en la generación actual. Estimado lector, ¿estás listo
para su establecimiento? El que entre en este reino no morará en él simpleemente durante un plazo como el que
viven los hombres en su estado actual. No lo verá degenerar, ni ser derribado por otro reino más poderoso que le
suceda. No; porque entra a participar de todos sus privilegios y bendiciones, y a compartir sus glorias para siempre,
porque este reino no ha de "ser dejado a otro pueblo."
Volvemos a
preguntar: ¿Estáis listos? Las condiciones para heredarlo son muy liberales.
"Y si vosotros sois de Cristo,
ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los
herederos." (Gálatas 3:29.) ¿Sois amigos de Cristo, el Rey venidero? ¿Apreciáis su carácter? ¿Estáis procurando andar
humildemente en sus pisadas, y obedecer sus enseñanzas? En caso contrario, leed vuestra suerte en los casos de
aquellos personajes de la parábola
acerca de los cuales se dice: "Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y
degolladlos delante de mí." (Lucas 19:27.) No existirá ningún reino rrival en el cual podáis hallar asilo si
sois enemigos de éste, porque el reino
de Dios ha de ocupar todo el territorio que hayan poseído todos los reinos de este mundo, pasados o presentes. Ha de llenar
toda la tierra. Felices serán aquellos a quienes el legítimo Soberano, el gran Rey vencedor, pueda decir al fin:
"Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo."
(Mateo 25:34.)
VERS. 46-49: Entonces
el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, y humillóse a Daniel,
y mandó que le sacrificasen presentes y perfumes. El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertaamente que el Dios vuestro es Dios de
dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios, pues pudiste revelar este arcano. Entonces el rey
engrandeció a Daniel, y le dió muchos
y grandes dones, y púsolo por gobernador de toda la provincia de Babilonia, y
por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios de Babilonia. Y Daniel
solicitó del rey, y él puso sobre los negocios de la provincia de
Babilonia a Sadrach, Mesach, y Abed-nego: y Daniel estaba a la puerta del rey.
Debemos volver al palacio de
Nabucodonosor, y a Daniel que está en presencia del rey. Ha dado a conocer al monarca el sueno y su
interpretación, mientras que los cortesanos y los frustrados
adivinadores y astrólogos aguardaban en admiración y silencio reverente.
Nabucodonosor ensalza a Daniel.--En cumplimiento
de la promesa que hiciera, el rey recompensó a Daniel e hizo de él un gran
hombre. Dos cosas hay en esta vida que se consideran como especialmente capaces
de hacer grande a un hombre, y ambas las recibió Daniel
del rey. En efecto, se considera grande a un hombre que tiene riquezas; y
leemos que el rey le dio muchos y grandes presentes. Si en conjunción con sus
riquezas un hombre tiene poder, la estima
popular lo considera tanto más grande; y en el caso de Daniel el poder le fue concedido ciertamente en medida
abundante. Fue hecho gobernante de la provincia de Babilonia, y
principal de los gobernadores sobre todos los sabios de Babilonia. De manera que en seguida recibió Daniel presta y
abundante recompensa por su fidelidad a su propia conciencia y a los
requerimientos de Dios.
Daniel no se dejó perturbar ni embriagar por esta señalada victoria y
su progreso maravillloso. Primero recordó a los tres
jóvenes que le acompañaron en su ansiedad con respecto al negocio del rey. Como
ellos le ayudaron con sus oraciones, resolvió que participasen de sus honores.
A petición suya, se los puso sobre los negocios de Babilonia, mientras que Daniel mismo se sentaba a la puerta del rey. La puerta
era el lugar dónde se celebraban las reuniones de consejo y se consideraban los
asuntos de mayor importancia. El relato nos declara,
pues, sencillamente que Daniel llegó a ser el principal consejero del rey.